La publicidad, los medios de comunicación, las redes sociales, el arte (teatro, cine, danza, pintura, etc.) se valen a menudo de imágenes tremendas y asquerosas para provocar. Creen que con estas imágenes ofensivas conseguirán atraer nuestra atención.
Con sus imágenes bravuconas nos insultan.
Me repugnan, a mí no me gusta que alguien me provoque sensaciones espantosas, de asco, dolor, repugnancia y miedo.
Además de las imágenes repugnantes que constantemente nos sirven los medios de comunicación, tengo que soportar la agresión continua de los discursos populistas, de la incultura de los que mandan, de su irresponsabilidad, de sus panfletos.
Se montan espectáculos con las imágenes de la destrucción y la calamidad y si conviene se manipulan las fotos para que todo parezca más asqueroso, tanto como las tripas ensangrentadas de un camello despachurrado.
Estoy convencido que todo esto lo hacen para hacernos sentir mal y en esto incluyo a los escritores de literatura gore que se apoya en el trauma físico como mecanismo de provocación, el terror y la repulsión, describiendo escenas de intensa brutalidad con detalles explícitos; e incluyo también a los "artistas" del arte de la provocación tales como los del "accionismo vienés" (Günter Brus, Otto Muehl o Hermann Nitsch).
Todos ellos: los escritores gore, el teatro de la provocación, los artistas del Wiener Aktionismus o de Flexus o del Body Art, etc. ¿se han otorgado, acaso, con el derecho de hacerme sufrir?
Pues no. Estoy convencido de que uno de los mejores escudos contra la provocación de estos autores y artistazos iluminados y provocadores, es el escepticismo, la cultura y la razón.

Y la cordura.
ResponderEliminarY el derecho particular a expulsarlos.