lunes, 30 de diciembre de 2013

El paisaje estético



Postaler. Perejaume


El paisaje natural está configurado en nuestra mente como una tipología.  Entendido como una entidad estética, no es más que una abstracción formada por ausencias, a saber: añoranza de ilustración, destierro de urbanidad, desaparición de construcciones, alejamiento de referencias, deserción de especulaciones, falta de civilidad, expatriación de cultura, vacío de palabras, despojo de juicio, abandono de ingenio, defecto de presencias, huida de comunicación, nostalgia de arte, retirada de raciocinio, privación de reflexión científica, separación de soledades y, por fin, ausencia de destreza y disposición humanas.

El goce de la belleza natural está hecho de referencias, se trata de goce abstracto, sin concesiones sensuales. Nace de una visión introspectiva.

Nunca necesitó, el artista clásico, de la observación del paisaje, no precisó la contemplación de un panorama abierto para sentirse vivo. No necesitó la contemplación de la naturaleza para estimular su creatividad. El paisaje natural es, para el artista clásico, una estilización. Del paisaje obtuvo los contenidos para su arte, pero no el flujo vital.

No fue, sino, hasta los románticos teutones, que, para contemplar el paisaje, tuvieron que subir a lo alto de los campanarios o a las torres más altas de su ciudad para afirmar las fuentes de la vida y ver como la individualidad del poeta se extendía desde sus pies hasta los confines más lejanos de la naturaleza.

Necesitaron establecer una alianza entre el Arte y la Naturaleza. En cenáculos reservados custodiaron el arca que guardaba los pactos. Para expresar el ideal romántico de superación del hombre a través de la belleza o mediante la redención por amor, crearon abstracciones e incertidumbres que se apoyaban en los ribazos, pendientes y laderas aterrazadas de un paisaje ideal que solo existía en el universo del artista. Algunos se valieron, de paisajes inventados o de ruinas.

4 comentarios:

  1. Y yo me valgo de ti para intentar entenderlos...
    salut

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  2. Miquel, es cuestión de ir mirando y tu lo demuestras con tu cámara y tus comentarios acertadísimos, lo comprobamos cada día en el Tot Barcelona.
    Salud

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  3. No sé, no sé. Deberías decírselo a un japonés, a ver qué te responde.

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    1. Admirada amiga Blanca. No tengo ni idea de lo que pensaría un japonés, mi desconocimiento del mundo oriental es imperdonable. Soy un pecador del eurocentrismo, concretamente del helenocentrismo.
      salud

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