jueves, 22 de marzo de 2012

Wagnerianos en Barcelona


Fachada Palau de la Música Catalana. Arq. Domenech i Montaner


Cruzio, uno de mis amigos de Recanati, opina que la ópera wagneriana en Barcelona está en la cuerda floja. Dice Cruzio que los grupos de wagnerianos que existen en Barcelona son reductos del pasado, son gente que se pirra por la estética de las nieblas medievales y por su petrificación en la arquitectura y escultura del Modernismo.

Hace más de cincuenta años que no sale ningún cantante wagneriano en Cataluña. Quizás la última cosa notoria fue María de los Ángeles. Aún recordamos su memorable Tannhäusser.


Es sintomático y también natural que hoy los intereses de los catalanes no se estén representados por el arte de este músico alemán. Barcelona ya no tiene el punto alocado que representó el modernismo.

Cruzio conoce la sociedad barcelonesa, pasó algunos años de estudios en Barcelona y a menudo viene a visitar a sus amigos. Opina Cruzio que hoy se es más racional, que la sociedad barcelonesa se conduce por un pragmatismo que se sustenta en fundamentos no muy éticos.

-Compruebo a menudo que Barcelona es una ciudad mesurada - dice Cruzio- y estoy convencido de que el prodigio de esta ciudad está en la mezcla de la norma y la emoción. No olvidemos -continua Cruzio riendo- que justamente en la zona más céntrica de la ciudad, en la plaza Cataluña, hay una tienda de aparatos de precisión y medida, de compases y de brújulas que tiene los escaparates abiertos a la Rambla de Canaletes, precisamente donde van a gritar los aficionados al futbol cuando quieren expresar sus alegrías irracionales.

Menciona, nuestro amigo de Recanati, la conocida relación que existe entre la montaña de Montserrat y el emplazamiento del templo de Parsifal o con ciertos fragmentos pétreos del Oro del Rhin.

Es probable que Cruzio sea un wagneriano secreto. No puede disimular el goce que siente cuando escucha la Tetralogía, su rostro expresa
  la tensión que la música produce al chocar con su pensamiento anti-romántico y racionalista.

Hemos conocido, sin embargo, otros personajes de mentalidad racionalista que también les gusta la música de Wagner. Gente sensible al placer que da la estética de la razón y que nunca se podrían emocionar con una "Meditation" de Massenet y en cambio se enternecen con el traspaso romántico de Isolde.


¡Hay que ver, cómo es el romanticismo de este teutón!

8 comentarios:

  1. Francesc, vas revelando tus gustos,
    salut amic

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    1. Amigo Omar, a Cruzio como a mí, también le gustan las piedras clásicas y las de las canteras. En este mundo mediterráneo hay más racionalismo de lo que se dice, no en vano todo el arte clásico greco-romano nació por estos andurriales y en las brumas del norte se desarrolló el romanticismo, la lujuria "tedesca" y los "Himnos de la Noche"
      Salud

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  2. Las emociones, hayas pasado o no por el tamiz del intelecto, y por más racionalismo que gobierne nuestros actos, son contradictorias siempre. Es como un teorema matemático que no necesita demostración. Wagner, el imperioso, que bebe de las fuentes mitológicas para alimentar delirios de toda clase.

    Cuando escucho a Wagner, me dan ganas de invadir Polonia, decía Woody Allen en una película. Aunque reconozco que hay fragmentos de Tannhauser que hasta Gandhi se emocionaría.

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    1. Querida Amaltea, con Wagner la contradicción está servida.
      Ah! y también la obertura de Lohengrin cuyos últimos compases acarician el cielo.
      Salud

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    2. Soy el menos entendido de los presentes, pero Cruzio ( a mí entender) , demuestra tener una sensibilidad a prueba de dudas, a pesar de lo contradictorio que ud. nos quiere hacer ver. Salut

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    3. Sí Miquel, Cruzio y todos mis amigos de Recanati tienen una sensibilidad extraordinaria, no olvidemos que aquella es la tierra de Leopardi, y dentro de esta sensibilidad se aprecian los matices y las contradiciones. Un antirromántico sensible no puede dejar de sentir emoción ante la "muerte de amor de Isolda"
      Salud

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  3. Siempre he considerado que Wagner es un compositor cuya música no deja indiferente a quien la escucha; o levanta odios o pasiones, pero nunca indiferencia. Personalmente, cuando escucho su trilogía, hay momentos en que me siento transportado a otro mundo y me abandono al placer de escuchar y soñar.
    Salud, y un abrazo.

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    1. Coincido, Carlos, en efecto Wagner jamás te deja indiferente, este compositor es un faro del arte europeo. Intentaré poner en el blog unas reflexiones personales sobre Wagner.
      Salud

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