domingo, 13 de octubre de 2019

Doce maneras de estropearse

Clara Schuff, Untitled, 1957


Doce maneras de estropearse

1.     Taladrarse las carnes
2.     Leer libros sentimentales y de teología
3.     Someterse a la disciplina de las máquinas del gimnasio
4.     Abusar de las bebidas espirituosas
5.     Soportar ruidos y ritmos caribeños
6.     Dar crédito y conversación a intolerantes y fanáticos
7.     Comer bollería industrial y hamburguesas de carne y materias fecales
8.     Acudir al psicoanlista y a sesiones de espiritismo. Todo lo esotérico estropea
9.     Inyectarse tintas y pigmentos entre la dermis y la epidermis
10.  Aguantar sermones entre vapores de incienso
11.  Escuchar discursos políticos bajo el ondear de trapos simbólicos
12.  Depender de sustancias tóxicas, de ideologías, de amores apasionados y, en general, de todo aquello que nos hace perder el equilibrio.

Además de esta docena de maneras citadas, seguro que existen otras formas que atentan contra nuestra integridad como, por ejemplo, la acción del poder y otras formas de venganza.

Somos bastante frágiles y tenemos que protegernos. Quizás los mejores instrumentos de protección sean el escepticismo y el librepensamiento.

sábado, 12 de octubre de 2019

Simonetta Vespucci


  Simonetta Vespucci es una verdad terrenal, una llamada de retorno a la belleza, un bálsamo y un antídoto contra el derrumbe.

Su peinado y su rostro no son adventicios ni accidentales. Su ademán añade equilibrio y rigor sinfónico a las ideas mundanas.

Simonetta es afecto desinteresado. Su mirada es una crítica despiadada contra el arte de la confrontación.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Arquitectura rococó


 Marie Anoniette (1769). Joseph Decreux

La arquitectura del rococó es una arquitectura de interiores. En el exterior quedan las fachadas barrocas donde las volutas y los frontones interrumpidos definen un orden que se diluye en el espacio.

En los interiores rococó el adorno se retuerce. Los tapizados, aun estando limpios, huelen a cuero raspado, a opopánax, a pelucas empolvadas, a robinia… En las paredes de colores apastelados cuelgan pinturas de temas mitológicos o señoritas columpiándose. No hay crucifijos ni tallas ensangrentadas. Todo es plácido, cortésmente correcto e hipócritamente civilizado.

El rococó se desarrolló durante unos pocos años, a mediados del siglo XVIII, y sufrió el ataque furibundo de sus detractores neoclásicos.

Carta de amor. Jean Honoré Fragonard


Iniciadores del rococó fueron los Le Pautre que, fieles y respetuosos con el orden clásico y las simetrías, como elementos positivos de la composición arquitectónica, desarrollaron una gran actividad como decoradores de los palacios franceses. 

Los Le Pautre dibujaron y proyectaron ornamentos desde finales del XVII y su influencia llegó hasta el núcleo coruscante del rococó de Versalles.   

Los Le Pautre fueron:

Jean Le Pautre (París 1618-1682). Dibujante y grabador. Publicó colecciones de grabados sobre decoración y arquitectura: Suite de clôtures e chapelles, Suite de lambris à l’italienne, Suite de vases à la moderne, etc. Sus publicaciones ejercieron una gran influencia en la arquitectura europea anterior a la ilustración. Se le considera el creador del estilo Luis XIV.

Antoine Le Pautre (Paris 1621-1691). Sus interiores son más recargados que los proyectados por su hermano Jean. Era un dibujante exagerado y magnífico de adornos, máscaras, trofeos. Proyectó ornamentaciones excesivas, aparatosas y extremadas.

Pierre Le Pautre (1652- 1716). Diseñó los interiores de Versalles bajo la dirección y maestría de Jules Hardouin-Mansart. Fue un decorador respetuoso con el espacio arquitectónico.

Otros predecesores del rococó fueron Claude Audran III (1658-1734) y Gilles-Marie Oppenordt (17672-1742), llamado el Borromini francés.

Antoine Le Pautre


 
 Jean Le Pautre

Aquellos interiores complacían a los cortesanos e irritaban a los espíritus ilustrados que pululaban por la corte, mientras se complacían escuchando Les Barricades Mystérieuses de Couperin.

Hoy, por su frivolidad, el rococó está denostado, y parece que hay motivos suficientes para que lo esté, pues se trata del estilo decorativo representativo de la monarquía absoluta de Luis XVI y del antic regim que fue liquidado por la guillotina y les saintes baïonnettes de France.

En la actualidad, sin embargo, otros poderes, quizás más abstractos, pero igualmente absolutos, determinan un arte tan decadente y frívolo como aquel. 

Hoy, lo cortesanamente correcto ha sido sustituido por lo políticamente correcto, la música de Couperin ha sido sustituida por el reguetón, los colores pastel han sido sustituidos por las luces de leds o la iluminación navideña, las pelucas empolvadas por los cuerpos dopados de gimnasio, las pecas pintadas en el rostro de las damas de palacio se han sustituido por los labios inflados por la cirugía y los perfumes de Muguete o de Narciso se han sustituido por las colonias de producción industrial de Elizabeth Arden, Dolce & Gabbana, Armani o Yves Saint Laurent.

El rococó puede que nos guste tanto como la bachata.