jueves, 24 de enero de 2013

He contemplado



Ángel Músico. 1518
Giovanni Battista di Jacopo, llamado Rosso Fiorentino (1494-1540)


He contemplado los drapeados
de Angolo Bronzino y las alas
encarnadas de los putti del laúd.

No he sufrido aún el síndrome
de Stendhal ni he vertido lágrimas
con los silencios de Scarlatti,

porque este cielo es generoso
y me protege con el viento del sur
y con su amanecer vibrante.

El músculo vigoroso del mármol
y la fuerte terribiltà amenazan
la mirada de este hombre que anhela,

pero el fruto del mirabolano
y el rojo encendido de las cerezas
me han asistido con su dulzura.

12 comentarios:

  1. Sabes me cuesta seguirte. Pero marcas el sendero; voy detrás tuyo. Salut

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    1. Miquel tu ya conoces el sendero, yo soy conductor de muy poquitas cosas.
      Salud

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  2. La dicha, aunque efímera, produce frescas manzanas, precioso poema, Francesc.
    Salud

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    1. Amigo Manuel, la naturaleza, aunque no tenga ninguna finalidad, generosamente nos propociona algunos frutos.
      Salud

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  3. El fruto del mirabolano.

    Caramba, Francesc, tu poesía nos lleva de la mano al jardín de las Hespérides. Qué sosiego leerte.

    Abrazo

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    1. Querida Amaltea, en el Baix Llobregat y una parte del Penedés, entre Martorell y Sant Sadurní, se da una clase de mirabolano muy dulce. Qué sosiego una tarde de calma degustando estos frutos tan sabrosos.
      Salud

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  4. Espléndido, excelente, precioso

    Kova

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    1. Amiga Kova ¿a ver si me haces pensar que las gentes del norte son también exageradas? ji, ji, agradezco mucho tu comentario y celebro que te haya gustado esta reflexión sobre la belleza.
      Salud

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  5. como puedes ser crítico y a la vez, desbrozar las ternezas que esconde la vida?
    salut amic

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    1. Mi admirado Omar, la belleza nos presenta su faz terrible, procuro andar con tiento.
      Salud

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  6. Me quedo con este trocito que me ha encantado!:."el rojo encendido de las cerezas me han asistido con dulzura".

    Que ricos son estos frutos!

    Saludos feliz fín de semana.



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    1. Querida Bertha, a veces un simple toque de dulzura, el sabor jugoso de unas cerezas, pueden salvarnos de la acometida de la belleza.
      Salud

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