lunes, 18 de febrero de 2013

Clientes particulares


La strada entra nella casa. Umberto Boccioni

En mi práctica profesional me he tenido que enfrentar a proyectos muy diversos, la mayoría de los encargos han sido de empresas, edificios de oficinas, encargos de entidades públicas y muy pocos de clientes particulares. En estos últimos casos la experiencia ha sido más bien negativa, no por el resultado arquitectónico en sí, sino por el proceso de acercamiento al proyecto.

Con el cliente particular tienes que hablar y llegar a conocer demasiados detalles íntimos de su forma de habitar una casa, pero lo peor no son las intimidades físicas, sino las manías que el cliente te va confesando a base de rodeos.

El cliente particular te informa de su manera de vivir y te dice cuales son sus deseos. Todos quieren aparentar, y te piden que diseñes su casa para parecer más de lo que son: más ricos, más glamurosos, más cultos, más educados, más solidarios. 


Poco se preocupan por la arquitectura, por la buena construcción o por las instalaciones.

Muchos rechazan soluciones constructivas racionales, prefiriendo otras menos eficaces, pero que ellos consideran más suntuosas.

El dialogo empieza con las necesidades funcionales y acaba en una cascada de exigencias presuntuosas y de petulancia. El cliente antepone lo ficticio, lo resultón, lo afectado y lo postizo a la bondad de los materiales y de la buena construcción, incluso a costa del confort. Se empeñan en imponer la chifladura del alto standing.

Y como si de un psicólogo o confesor se tratara, entre diseño y diseño, tienes que escuchar las opiniones de cliente particular que te dice cómo vive, cómo se comporta la pareja, la tía o la hija. 


Casi siempre acabas arrepintiéndote de conocer demasiado a las personas y así te arrepientes de conocer tanto al cliente y a fe que, más que conocer como se comporta de la hija de un ejecutivo, prefiero saber cual es el comportamiento estructural de una pared de ladrillo con toda su sencillez y toda su nobleza cerámica.

10 comentarios:

  1. “Necesito trabajar sobre una idea, es como trabar conocimiento con una persona, y yo no trabo conocimiento fácilmente.”
    Georgia O’Keeffe
    Algunos saben, por dolorosa experiencia, dónde no se encuentra la sencillez ni la nobleza, y se adentran en ese pequeño cosmos que nos rodea y que, a salvo, de las “convenciones sociales”, acoge en su interior “cierta” belleza.

    Un saludo, Francesc

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    1. Sí, amigo. Sencillez y nobleza aunque parezcan antagónicos. Estas cualidades últimamente las encuentro en los materiales más que en la mayoría de las personas.
      Salud

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  2. Que impotencia da: cuando tienes la mala praxis,
    con un cliente que antepone: la calidad,funcionalidad; al snobismo de las tendencias...y mas sin tener ni puñetera idéa.Esto solo le pasa a quien de verdad siente su profesión.Porque
    é hay un sector de profesionales que aguita.con sus consejos que para mí... no los quiero.

    Un saludo feliz martes.

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    1. Mi querida Bertha, he tenido muy pocos encargos de particulares y casi siempre el trato con el cliente me ha resultado insatisfactorio, al final, con independencia del uso de ciertos materiales, el resultado del espacio arquitectónico ha sido siempre como yo he querido, en esto he tenido suerte.
      En alguna ocasión he tenido que convencer al cliente de qué lo que decía el marido de su peluquera no era lo correcto.
      Salud

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  3. Que interesante, de verdad....Yo tampoco podría trabajar con el cliente...el ser humano es demasiado presuntuoso...demasiado...salut

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    1. Miquel, cansa más una reunión con un cliente particular cuando te explica cómo quiere se sea la fachada de su casita que el cálculo de una estructura mixta.
      Salud

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  4. levantar un muro no significa escaparse de la parafernalia existencial, cubre un poco, pero las voces se escuchan y atormentan
    salud compañero

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    1. Amigo Omar, dificilísimo entender las necesidades reales de un cliente particular, no hablan claro, así es muy complicado acometer un proyecto.
      Salud

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