domingo, 1 de junio de 2014

Bernardino Licinio




Retrato de un joven con una calavera.
Bernardino Licinio (1489-1549)

Bernardino Licinio se miraba de reojo el contraste del Tiziano y el hermetismo del Giorgone. Hizo unos retratos muy buenos donde el detallismo brilla con su presencia. 

Este artista sabía lo que pintaba. Tenía buen oficio aunque aportó poquita cosa, no logró expresar la profundidad psicológica de Bronzino pero me gusta insistir en su detallismo y cuando un artista o un literato ponen énfasis en el detalle, enseguida despiertan en mi ánimo una sensación de confianza, pienso que el artista o literato en cuestión están comunicando algo que ellos conocen muy bien. 

El detallismo suele contener rigor, y esto sólo es posible cuando se tiene un gran conocimiento de lo que se explica. Cuando la expresión carece de detalle, el lenguaje se convierte en algo que desprende demasiado humo, en una obra pretenciosa y con una carga de irresponsabilidad.

Stendhal, que sabía muy bien de lo que hablaba, decía “toda la literatura en los detalles”.

En los interiores holandeses de Vermeer y bajo el sombrero de Rembrandt, en los drapeados de Andrea del Verrocchio, en los escorzos de Mantegna y en los restos de suciedad de Caravaggio y sobre todo en la literatura clásica, no encontramos más que detalle, detalle y precisión. Fuera de esto no hay más que composiciones engañosas contrarias a la salud personal y a la sensibilidad humana. 

Pero a pesar del rigor de Bernardino Licinio, su obra me hace pensar en lo que vendrá un poco después: la pompa de los contrarreformistas. Sí ya sé que éstos eran unos barrocos mórbidos de texturas blandas, con curvas y contracurvas vaporosas y atmósferas sensualmente gástricas y esto no ocurre con Licinio pero su apreciación de la realidad parece apuntar maneras barrocas, es como si fuera un fugitivo del manierismo.

4 comentarios:

  1. Me ha gustado la exposición.
    Salut

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    1. Gracias Miquel, ya sabes que el Renacimiento es mi debilidad, sin embargo, precisando, me gusta más el primer Renacimiento, antes Piero della Francesca que Bernardino Licinio.
      Salud

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  2. En los detalles, en lo que pasa inadvertido a la mirada gruesa, se concentra la clave para llegar a entender. Es como un juego de espejos, vemos la imagen que refleja el artista pero solo comprendemos de qué nos está hablando cuando percibimos qué hay detrás de él.
    Abrazo

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    1. Sí, querida Amaltea, así es, y esto ocurre también en la literatura. Hay que leer las frases reflexionando, sólo así podremos disfrutar del verdadero valor del arte.
      Un abrazo

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