domingo, 5 de marzo de 2017

Aún quedan wagnerianos en Barcelona


 

A la representación de óperas de Wagner que tienen lugar en Barcelona, acude un público fiel y entusiasmado. A veces he tenido la sensación que los devotos admiradores que aplauden con vehemencia a este músico teutón pertenecen a alguna cofradía trasnochada.

Barcelona ha sido una ciudad wagneriana, no sé si continúa siéndolo, pero lo que está claro es que la ópera de Richard Wagner va de capa caída.

Los grupos de wagnerianos que todavía existen en Barcelona son reductos del pasado, gentes que se encandilan con las nieblas de los bosques de elfos, con el pasado oscuro del medievo y con su petrificación en la arquitectura del modernismo.

Siempre ha existido un catalanismo musical que huele a chucrut.  

Hace más de cincuenta años que no surge ningún cantante wagneriano en Cataluña. Quizás la única voz notoria que recordamos fue María de los Ángeles que cantó un memorable Tannhäusser y al tenor Viñas que sólo se le recuerda por su prestigioso Concurso Internacional de Canto que se celebra cada año.

No creo que hoy los intereses de los ciudadanos de Barcelona estén representados por el arte de aquel músico romántico alemán. La ciudad se ha transformado. Ya no tiene aquel punto de arrebato que representó el modernismo, un arrebato industrial de barrigas saciadas que podía permitirse retorcer las fachadas de los edificios. En la música y en la sociedad barcelonesa actual “todo tiende a un pragmatismo cuyos cimientos no son demasiado éticos”.

No me gusta mezclar la ética con la música de Wagner, demasiadas connotaciones negativas rodean aquel arte teutón.

Estoy convencido de que Barcelona es una ciudad prodigiosa donde cabe lo más sublime y lo más ruin. Una ciudad donde lo mesurado convive con el arrebato, -el seny i la rauxa-, pero lo uno y lo otro están cada vez más atenuados. Lo políticamente correcto lima cualquier despunte mientras al personal se ve obligado a convivir con los turistas y, de vez en cuando, contemplar absorto la llegada de autocares que traen a Barcelona familias enteras que se manifiestan con banderitas y pancartas proclamando consignas que no huelen a chucrut sino a seques amb butifarra.

Nota: en el artículo "Mis preferencias sobre Wagner" que escribí hace unos años en este blog, daba mi opinión sobre las óperas de este compositor.
http://francesccornado.blogspot.com.es/2012/03/mis-preferencias-sobre-wagner.html

10 comentarios:

  1. Muy bueno.
    Me ha gustado la comparanza final.
    Salut

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    1. Amigo Miquel, estas son las cosas que pasan en Barcelona, desde un modernismo exaltado a un plan general metropolitano bien diseñado y mal ejecutado, sobre todo en algunos barrios. La exaltación vuelve, ahora más irracional, en vez de retorcer arquitecturas no se nos ocurre otra cosa que retorcer argumentos.
      Salud

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  2. Como decía Woody Allen, cada vez que escucho a Wagner, me entras ganas de invadir Polonia.
    El chucrut, si es una vez al año, acompañado de un buen codillo asado de cerdo, no es algo que desprecie. Eso sí, las salchichas que se las coman ellos.
    Un saludo, Francesc.

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    1. Amigo Cayetano, la primera vez que comí chucrut fue en Piacenza. Ya ves tú que contradicción: una col fermentada a la manera germana degustada en tierras itálicas. Así voy de contradicción en contradicción, de militante antirromántico y escuchando la música de Wagner. Saludos

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  3. Magnífico artículo, con un final brillante. Debo comentar que escucho a menudo piezas de Wagner, en especial la obertura de Tristán e Isolda. Le recomiendo "Wagner en Venecia", la interpretación que hixo el genial Uri Caine.

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    1. Amigo Lluís, celebro que te haya gustado el escrito. Ya sabes que este final lo podemos desarrollar con más rabia y custicidad. Me gusta la música de Wagner, Tristán e Isolda, Los Maestos Cantores de Nurenberg y sobre todo Tannhäuser. Me gusta mucho la obertura de Lohengrin. En este blog puse un artículo sobre mis preferencias sobre Wagner.
      http://francesccornado.blogspot.com.es/2012/03/mis-preferencias-sobre-wagner.html
      Saludos

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  4. Un músico excesivo y megalómano que, no obstante, distorsionó positivamente la armonía tradicional hasta adecuarla a su mentalidad romántica y llorona. Ha sido perniciosa su instrumentalización cinematográfica. Muy exigente para el canto lírico, por contra, si se desafina un poco no se nota tanto porque el ámbito armónico ya es prácticamente atonal.

    Un abrazo.
    Manolo Marcos

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    1. Amigo Manuel, en Wagner todo es excesivo. Dejó una huella casi indeleble.
      Abrazos

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  5. Sin la menor duda, los arrauxats son los que han hecho avanzar el país y la modernidad; los assenyats se han limitado a hacer de senyor Esteve, a ahorrar, a mantener la tradición y repetir el modelo heredado de sus padres.

    Tú texto desemboca en un párrafo final extraordinario. Me quedo co él porque de Wagner no puedo opinar.

    Un abrazo

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    1. Amigo Luis Antonio, la tensión entre el "seny" y la "rauxa" es el motor del arte, es lo que Nietzsche denomina la lucha entre Apolo y Dionisos. Creo que a los "arrauxats" les debemos una parte muy importante del progreso, pero no me gusta denostar la fuerza del "seny". El orden y la mesura son indispensables para el avance y la modernidad. Lo vemos en el racionalismo y en gran parte de las vanguardias del siglo XX, artistas arrebatados que crearon un arte perfectamente medido y equilibrado, ahí están Miguel Angel, Mozart, Dante, Franck Lloyd Wright. Y al revés, artistas assenyats (juiciosos) que hicieron un arte desbordante como Joan Miró, Bach, Frederic Mompou o Manuel de Falla.
      Creo en la tensión creativa y en la inteligencia libre, sin que ninguna consigna política o ideológica determine un camino mezquino, adocenado o ramplón.
      Un abrazo

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