martes, 26 de abril de 2016

Arquitectura de posguerra

Iglesia de Villanueva de Franco, (1949) arquitecto Arturo Roldán Palomo

La Guerra Civil cercenó el racionalismo y todas las vanguardias artísticas. Las cabezas pensantes fueron aniquiladas. Exilio, muerte o represión.

La arquitectura también sufrió el duro golpe de la barbarie y toda construcción o reconstrucción nacional vino marcada por la imposición de un estilo ecléctico-patriotero que recordara las “glorias hispanas”. Se interpretaron los estilos fascistas o los modelos nazis que, debidamente pasados por el cedazo del Movimiento Nacional, se convirtieron en una especie de "cosa" adocenada que ha sido calificada de arquitectura franquista.

La arquitectura de posguerra presentaba diversos matices, todos ellos opuestos a cualquier signo de modernidad, con estilos diferentes: "neoherreriano", "regionalista", "neovilanoviano", "ruralista" y con ellos, una serie de variantes que corresponderían a las diferentes facciones del poder franquista, por ejemplo, "tradicionalistas", "carlistas", "juanistas", "africanistas", "falangistas", etc.
Universidad Laboral de Gijón, (1946-1956) arquitecto Luis Moya Blanco

En Cataluña todo este retroceso se impuso con un carácter ecléctico, no exento de rechazo a todo lo moderno. Vendría a ser una especie de recreación del noucentisme tardío, pero a "lo malo". Encontramos como ejemplos los colegios mayores situados junto a la Facultad de Farmacia en Barcelona, también el Instituto de Secundaria Milà i Fontanals en la plaza Folch i Torres o la Iglesia de la Mare de Déu dels Àngels en la calle Balmes de Barcelona.

Por todas partes dominaba la reacción contra la arquitectura moderna.

La vanguardia arquitectónica de antes de la guerra representada por los arquitectos del GATPAC/GATEPAC quedó eliminada. Aquellos profesionales revolucionarios del GATPAC/GATEPAC que confiaban en las bondades de la arquitectura y que estaban convencidos que ésta es un bien cultural, una de las bellas artes que debe estar al servicio del ciudadano y que su función es resolver los problemas del habitat humano; aquellos arquitectos digo, desaparecieron: Aizpúrua fue asesinado, Sert tuvo que exiliarse, Torres Clavé murió en el frente de guerra, fueron reprimidos o silenciados grandes profesionales como Armengou, Illescas, Rodríguez Arias, etc.

Y después de la barbarie y la muerte, los arquitectos que continuaron proyectando, lo hacían en condiciones desfavorables, completamente desconectados de los movimientos de las vanguardias que se sucedían en Europa o en América. Tuvieron que someterse a las directrices de las autoridades franquistas.

Salvo honrosas excepciones, se produjo una arquitectura folclórica, roñosa, piojera, zafia y ramplona construida sobre cimientos de corrupción y favoritismos.

En la postguerra, ahora y siempre, la cultura arquitectónica depende del tono general de la cultura y de los factores históricos y sociales. Arreglar aquel desaguisado era una cuestión política y los arquitectos debían colaborar haciendo una arquitectura digna y bien construida. Ya sabemos que no corresponde a la arquitectura la solución de los problemas sociales ni de las injusticias. La arquitectura sólo puede resolver problemas de arquitectura y con esta tarea ya va bien servida. Pretender salvar cualquier otra cosa es puro engreimiento.
 Casa Agustí, (1955) arquitecto Josep M. Sostres

Surgieron, sin embargo, en aquellas décadas de precariedad, algunos buenos artistas y grandes arqutiectos que supieron renovar o recuperar el lenguaje de las vanguardias. Admiramos la obra de algunos arquitectos esforzados -Coderch, el Grup R, Fisac, etc-  que supieron recuperar la modernidad perdida. Construyeron bien, de acuerdo con los principios de la estática, de la estética y la funcionalidad y fueron conscientes de que con su labor, que hoy me atrevo a calificar de heroica, sólo pretendían solucionar problemas de arquitectura y de construcción.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Hola Miquel, creo que tengo agún problema informático con este artículo. Primero salió publicado, después desapareció, ahora sale otra vez, pero no sale anunciado en otros blogs, raro raro.
      Salud

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  2. Espléndida síntesis de la arquitectura post represiva, digamos. Al ver la foto de la Universidad Laboral de Gijón -paradigma junto a la de Sevilla de un enfoque de Formación Profesional pretendidamente avanzado para aquellos tiempos y aquel régimen- he recordado que a los adolescentes de entonces nos deslumbró cuando nos llevaron a verla. Aunque poco me acuerdo de ella y sí del puerto del Musel y de las sardinadas que nos ofrecieron copains de allí. Por cierto, también me viene a la mente un premio internacional a un tal Fisac por una iglesia de Dominicos en Valladolid, pero claro esto sigue perteneciendo al terreno de la arquitectura religiosa. Los edificios administrativos del franquismo, incluidos sus delegaciones del Banco de España en cada capital, eran todos pastiches de sí mismos. Debe ser vieja costumbre de dictaduras, el Reich ya hizo sus reproducciones y no te cuento el Realismo estaliniano.

    Un abrazo.

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    1. Amigo Fackel aquella arquitectura de la época represiva reprendió también contra la vanguardia arquitectónica. Como es habitual en los regímenes dictatoriales, se utilizó la arquitectura como elemento para exaltar unas ideas intolerantes.
      Todo esta represión se formalizó con la monumentalidad y el eclecticismo.
      Un abrazo

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