sábado, 24 de enero de 2026

Cabezas pequeñas

 


Entre el engaño y el adoctrinamiento, todo conducía a la ciudad distópica. 

La indigencia cultural, los sistemas de represión educativa y los nefastos planes de enseñanza, se desarrollaban en un ambiente general de pamplinas y consentimientos. 

Todo discurría entre el suelo y la nube de los datos. Poco a poco, se iba reduciendo la capacidad de pensar de los individuos que caminaban por las aceras estropeadas. Eran años penosos.

Las calles, las plazas, los centros de trabajo, los transportes, los estadios y los mercados se fueron llenando de sujetos incapaces de resolver cualquier problemilla, por pequeño que fuera. Nadie se atrevía a sacar las castañas del fuego. Irresolutos que sólo confiaban en la burocracia.

No controlaban el espacio que tenían alrededor y chocaban unos con otros. La torpeza espacial acompañaba sus pasos y se adueñó del caminar de la gente. El único paisaje conocido era el que aparecía en las pantallas.

Acostumbrados a descansar sobre un lecho de algodón, cualquier problema se les venía encima, entonces acontecían las depresiones y se agobiaban sin causa. El principio de la realidad repartía tortas a diestro y siniestro y agredía las almas y los cuerpos.

Y ya se sabe, la función hace el órgano, así pues, sus cabezas se redujeron, sus ombligos se agrandaron y se hacían cada vez más prominentes, les crecían los dedos de tanto manipular las pantallas de los telefonillos. Los cuerpos se transformaban. No había nada que detuviera la adaptación del cuerpo a las nuevas funciones.

Se ponían nerviosos cuando se detenía el espectáculo de la publicidad, de la política, de los medios de comunicación, de los centros comerciales y de la música ruidosa y adocenada.

Se ponían especialmente nerviosos con el purismo y preferían el puritanismo, un puritanismo hecho de pancartas. 

Querían ruidos de máquinas y música electrónica. Se encandilaban con las esculturas de Jef Koons y con las redondeces de Botero que las preferían a la horizontalidad de Mies, pero, les daba igual, de hecho, no sabían nada, porque nada les habían enseñado en aquellas aulas de la pamplina, no sabían de arte ni de razón, ni del tiempo ni del espacio, no sabían el nombre de las cosas y nadie sabía nada de geografía.

No sabían nada de los puntos cardinales, nada de Albacete, de Lugo, ni de París, creían que allí en París había una torre inclinada con nombre de torta aliñada con mozzarella.

20 comentarios:

  1. Viene a cuento de tu texto:
    Una tarde, mientras esperaba al tren de cercanías en el andén de la estación, junto a un cartel con la foto de Dalí y sus peculiares bigotes, una joven de quince o dieciséis años le dice a su amiga: ¡Jo, tía. Y este pavo quién es! Contesta la otra:
    No sé. Cantinflas, creo.
    Ese es el nivel.
    Saludos.

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    1. Amigo Cayetano, comentarios como el que tú dices los podemos oír a cada momento y no digamos cuando se trata de cuestiones de geografía. Hay que decirles a muchos que Alcalá de Henares no es la capital de Berlín y que Calatayud no es una bebida energética.
      El nivelazo es lamentable y aquí todos a jugar que para esto estamos, que aquí en este mundo sólo hemos venido a pasar unas vacaciones. Salud.

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  2. Es el sistema, amic Francesc Cornadó. El sistema necesita que no se piense, porque el pensar es el antídoto. Hoy ya no estamos en la sociedad de la obediencia, esta ha sido sustituida por la sociedad del control. Nos controlan a toda hora y por todo medio, incluso sin el GPS que llevamos dentro del bolsillo.
    Hoy las cosas ya las queremos para ayer. Necesitamos el cambio continuo, la aceleración en la conversación, la sobremesa corta y tiempo, ese tiempo que dicen que es vital para nuestro ánimo para convertirlo en lúdico y así poder coger un libro en que nuestra capacidad cognitiva no discierna en exceso y complique nuestra existencia pensando, no vaya a ser que nos de por pensar, y eso, eso ya si que fastidiaría al sistema.
    Un abrazo
    Salut

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    1. Amic Miquel, yo creo que sólo les interesamos como sujetos que consumen. Creo que les importa poco lo que pensamos más bien les interesa lo que consumimos, cómo y cuánto.
      El cambio continuo lo estimulan para que continuamente vayamos gastando.
      Abrazos.

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  3. ¿Cómo será ese futuro, en el que se hable como pasado, de este presente que tan bien describes?
    Un saludo

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    1. Amigo Julio, es un futuro que parece que ya lo estamos viendo llegar.
      Saludos.

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  4. Un buen texto, una distopía en la que utilizas el pretérito imperfecto de indicativo para describir situaciones que, si no son del presente, poco les falta.
    «Mientras que nuestras antiguas creencias vacilan y desaparecen, y las viejas columnas de la sociedad se hunden una tras otra, la acción de las masas es la única fuerza a la cual no amenaza nada y cuyo prestigio crece sin cesar. La era en la que entramos será, verdaderamente, la era de las masas». No lo digo yo, este otro texto de carácter distópico sobre lo que será el futuro lo escribía en Psicología de las masas Le Bon, en 1895.
    Pues bien, eso no había hecho más que empezar, hablamos de finales del XIX. Lo que describes en Cabezas pequeñas ya ha empezado y ¡de qué manera!, aunque quizá te quedes un pelín corto... 😊🤣

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    1. Psicología de las masas Le Bon, en 1895.
      Libro que tengo en mi poder, Gran Uribe , y que no tiene nada que envidiar a Masa y Poder, de Canetti.
      Un abrazo

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    2. Amigo Gran Uribe he utilizado el pretérito imperfecto como protesta contra una forma de utilizar los tiempos verbales que hoy se prodiga demasiado, de momento no diré cual es, de momento me desagrada mucho el uso exagerado de cierto tiempo verbal que a mí personalmente me chirría.
      De una manera más o menos irónica me he acercado a una distopía que creo que todos intuimos. Sí, seguramente me he quedado corto.
      Tengo la "Psicología de las masas" de Le Bon metido en el libro electrónico y siempre me da mucha pereza entrar en el artefacto este.
      Salud.

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  5. Al paso que vamos, como casco para la moto, se podrá usar un dedal.

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    1. Amic Ricard, el casco como un dedal y las carreteras y calzadas de las calles llenas de basura.
      Salud.

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  6. Ya no es necesario que las cabezas empequeñezcan, pronto los cuerpos se valdrán de dispositivos que controlarán sus funciones básica. ¿Para qué más? Un cerebro amebiano será suficiente para cumplir órdenes y consumir inmundicia sin parar.
    Abrazos desde la tundra

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    1. Amiga Marga, cabezas pequeñas con un cerebro amebiano del tamaño de una babosa, lleno de chips para que tengamos una sensibilidad aumentada y podamos entender los diferentes matices de la bachata y el reguetón.
      Abrazos.

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  7. Pues el dedo índice de las nuevas generaciones está creciendo anormalmente; de tanto darle a las teclas, claro.
    Algo de esto anticipó en La evolución de las especies, el señor Darwin.

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    1. Sí, amigo Toy, la función hace el órgano y este se desarrolla.
      Salud.

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  8. Me recuerda este texto a esos supuestos viajeros que se dedican a viajar para hacerse fotos y no se enteran de donde han estado y lo que han visto. Solo viajan para decir a sus amigos (reales o virtuales) donde han estado y lo "guays" que son. Posiblemente los nuevos analfabetos.
    Un saludo

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    1. Sí, amigo D.F., los viajes se han convertido en una especie de jolgorio inconsciente, muchos van de aquí para allá, sin saber adonde van ni saben dónde están. Se menean, hacen fotos y comen cualquier bollo o producto industrial de los que podrían encontrar en las franquicias de su ciudad. Y a todo esto le llaman ser "guay".
      Saludos.

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  9. "La función hace el órgano y este se desarrolla".
    Se lo cuento a mi esposa, que nunca me hace caso, Francesc.

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  10. Francesc:
    ¡ya he perdido la cuenta de las leyes educativas que llevamos implantadas (¡cómo odio la palabra "implementar", que te la cuelan cada dos por tres)! ¡Y cada una de ellas casi peor que la anterior!
    En fin, cada maestrillo tiene su librillo.
    Salu2.

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    1. Amigo Dyhego, soy muy crítico con los planes de enseñanza que han impuesto en los últimos 25 años, sólo hay que ver el resultado de los informes PISA, un desastre. No conozco la situación particular de la enseñanza primaria y secundaria, pero sí que sé cómo llegan los alumnos a la universidad.
      Salud.

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