Shida
Yaba 志太野坡 (1663-1740) fue un
poeta que paseaba en otoño entre las sombras de los jardines chinos.
Bajo los sauces, cuyos perfiles lloran, aún
permanece la presencia de Zhuangzi que vivió alrededor del siglo IV a.C. y el recuerdo de las
Cien escuelas del pensamiento.
Shida Yaba sabía que el jardín simboliza el paraíso en el mundo. Sabía de las antiguas leyendas que dicen que aquel paraíso se hallaba en la cumbre de una gran montaña lejana, en unas islas en medio del mar. Allí se encontraba el elixir de la "eterna juventud", que permitía acceder a la inmortalidad. Sabía del jardín de los jardines y del Yuanming yuan, tan artificioso como los setos recortados.
Conocedor de todo esto, prefería las camelias cercanas. Como Suzhou y Hangzhou estaba convencido de que el cielo existe, pero que el paraíso está en la tierra.
Shida Yaba, rechazaba el carácter mágico o místico del jardín. También, en aquellos años, Louis Le Vau lo rechazaba cuando ordenó que se recortaran los cipreses y los tejos de Versalles para darles formas geométricas.
¡Ah, el jardín de la geometría! ¡Ah, el jardín
de los símbolos errantes!
Sombras de la razón y sombras del corazón.
Shida Yaba apreciaba el arte del jardinero, cuya labor es
hacer que todo parezca claro, y que la naturaleza, más refinada aún, termina su trabajo apuntando al desorden.
El poeta, bajo los sauces, con una caligrafía
perfecta dibujó:
Había
barrido el jardín
y he
aquí que, después,










