miércoles, 9 de febrero de 2022

Euterpe entre las sombras errantes

 

 Euterpe. Jakob Emanuel Handmann (1718-1781) 

 

 

Antes de que la guillotina chirriara, Euterpe, la musa de la música, infundió elegancia y gentileza en las partituras de los maestros del clavecín.


Los acordes elegantes de Couperin, de Lully, de Rameau, de Jean-Marie Leclair reverberan por los pasillos de Versalles como sombras errantes.


Un estridente artefacto ensangrentó el aire de París, el griterío ensordeció los acordes del pensamiento y la música se refugió en la emoción. 


Los más exaltados creyeron  que la música era una sustancia emocionada y que la geometría ya no podía medir el sentimiento.


Euterpe dejó que los músicos cantaran y, a su pesar, que los poetas escribieran versos malditos.

sábado, 5 de febrero de 2022

Jean Tinguely

 

 

Creo que la producción de bienes no puede ser indefinida. En algún momento no determinado habrá de detenerse la fabricación de cosas y más cosas. Es insostenible llenar la bola del mundo con trastos y llegará un momento en que las máquinas de fabricar cachivaches habrán de parar. No podemos crecer indefinidamente.


Estoy convencido de que Jean Tinguely (1925-1991) debía pensar lo mismo y por esta razón se dedicó a proyectar máquinas para no hacer nada. Eran sus máquina-esculturas, que algunos han llamado Metamechanics. Son esculturas cinéticas.


Las Metamechanics fueron realizadas unos cuantos años antes del mayo del 68 cuando las vanguardias artísticas europeas aún proponían soluciones y vías de escape, cuando el arte asumía planteamientos éticos, integrándolos en el lenguaje formal.

 Homenaje a Nueva York (1960)

 

 Estudio nº 2 para un fin del mundo 

 

Después de producir y de reflexionar sobre tantas máquinas de no hacer nada, Tinguely, en 1960, construyó una máquina-escultura que se autodestruía llamada Homenaje a Nueva York. La máquina-escultura fue presentada en el Museum of Modern Art, de Nueva York y allí, en las salas del MOMA, se autodestruyó, dejando, eso sí, algunos fragmentos para que quedara constancia de su existencia destruida. Dos años más tarde, el artista construyó su Estudio nº 2 para un fin del mundo, esta escultura explotó delante del público que se congregó en un lugar del desierto de las Vegas.


La obra de Tinguely, fue al principio, una sátira contra el dadaísmo y una vuelta de tuerca crítica de las propuestas surrealistas y más tarde, con sus Metamechanics, fue la expresión de un arte que se autodestruía o que se dedicaba a producir artefactos que no servían más que para recordarnos que la acumulación de cachivaches tendrá un final.

  Machine Spectacle. Movile

 

Plásticamente, la obra de Tinguely me recuerda el cromatismo de Joan Miró y unas composiciones más o menos parecidas a la obra de Alexander Calder, aunque Tinguely me parece mucho más sutil que el americano Calder. Sus aparatos Metamecánicos son artefactos extraordinarios, máquinas eficaces, para huir de la brutalidad (brutalidad en el sentido "animaloide" del término) y de la ordinariez cotidiana.


Con Tinguely nos encontramos ante un artista que supo alejarse del lenguaje naíf que practicaban algunos artistas de la abstracción geométrica y no se dejó seducir por lo circense como había ocurrido con el mencionado Calder o con Joan Brossa.

jueves, 3 de febrero de 2022

El comienzo de la modernidad

Ilustración lírica de Francisco Bores 

sobre el poema de Stéphane Mallarme L’Après-midi d’un faune 


 

Después de la siesta, el fauno observó que ya no era el espíritu quien hablaba, sus palabras se habían desvanecido en el bosque del caos.


Entre la arboleda, el caos dispersó su sombra. La tristeza del fauno se reflejaba en las aguas de los arroyos, él, sin embargo, esperó al crepúsculo para perseguir a las ninfas.


Mallarmé, Debussy y Nijinski estuvieron atentos a las correrías del fauno y Boulez dijo que en aquella siesta empezó la modernidad.


La modernidad comenzó durmiendo una siesta.