viernes, 20 de noviembre de 2020

Errores de alto vuelo

 Despegue del cohete Ingenio

 

Si conectas los cables al revés conviertes un ventilador en un extractor. Si te equivocas al conectar dos cables sucede que aquello que quieres que suba, indefectiblemente, se cae.

 

Se cruzan los cables y la catástrofe está servida. Así, por ejemplo, un cohete que tiene que subir, a los ocho minutos de vuelo se cae y si el responsable máximo del error es un astronauta puede ser que éste, en vez de caerse, se eleve a las altas esferas de la burocracia política.

 

¿Dónde está el INGENIO? ¿Quién pagará el error de tanto ingenio? Podían haber repasado un poquito.

 

En otras ocasiones, en este blog, me he lamentado de las consecuencias que tenemos que sufrir por culpa de tanto error manifiesto y de las graves consecuencias de las equivocaciones: un médico que te amputa la pierna buena en vez de la que está mal, la contaminación por mezclar heces fecales con una carne picada de vacuno, una estructura mal calculada que hace que un edificio se caiga como se ha caído el cohete INGENIO.

 

Se confunde incluso el significado del vocablo error, y llaman equivocación o error a aquello que es un delito, así lo hemos visto en muchas ocasiones, por ejemplo, cuando algunos corruptos que han robado y se les ha pillado, salen a la palestra, aparentando arrepentimiento, diciendo que han cometido un error en vez de decir que han cometido un delito. O cuando han matado a un elefante nos dicen que se han equivocado y que no lo volverán a hacer.

 

Tenemos que aguantar demasiados errores que se podrían evitar con solo prestar un poquito de atención en lo que se hace, no distraerse con el whatsapp o con el telefonillo, no charlar con el compañero y repasar con cuidado lo que se ha hecho.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Comunicación entre vivos y muertos

Fotografía de Otho Lloyd (1946)

 

 

Si los muertos pudieran hablar y nos explicaran cómo les fue la última pena y qué hay en aquellos andurriales del otro lado, probablemente no los entenderíamos. 

 

Imagino que el panorama del otro costado debe ser muy difícil de entender y que el muerto recién llegado a un lugar tan extraño necesita un tiempo para asumirlo y no sé si nos podría contar cómo son las cosas del más allá. 

 

Siempre hay un problema de comunicación. Unos porque no entienden y otros porque no se saben explicar, unos porque son muy vivos y otros porque son muy muertos.

lunes, 16 de noviembre de 2020

La expresión de un ánimo derrumbado

 Pintura esquemática levantina (¿edad de bronce?)
 

Por encima de reflexiones teóricas o especulaciones estéticas, en esta vieja península el arte ha sido casi siempre una exteriorización arrebatada. Es muy difícil encontrar en la historia del arte ibérico un reposo del ánimo tal que permita una meditación sosegada sobre la realidad.

A pesar de la vehemencia, encontramos, sin embargo, algunas obras contenidas y abstraídas en la oscuridad y otras rutilantes bajo la luz cegadora de un levante mediterráneo. Son, eso sí, explosiones de oscuridad o de luz capaces de reventar toda mesura. 
 
La tensión entre Apolo y Dionisos, se convierte en una lucha ibérica desesperada entre la oscuridad de los estigmatizados y la luz del Mediterráneo. En el combate  hallamos un hálito de razón que suspira. En el fragor, unos artistas nobles reclaman la lucidez estética, templada y pronta, que ha de dar sentido a su expresión.

Encontramos sobre el suelo peninsular un arte robusto como las espadas y sufriente como los condenados. A menudo, místico e intolerante como las instituciones, cerrado como el dogma y vigoroso como las batallas. Abundoso en oro colonial que brilló e iluminó el arte en un momento histórico lleno de esplendor.

En la lucha ibérica hallamos una policromía de tallas ensangrentadas y una literatura que ha sabido poner en verso la contención y el fanatismo. Contemplamos una pintura de manchas lejanas que relucían en la oscuridad. Grandes obras de arte, tan grandes como afligidas. Arte apenado, tan dolorido como tristemente hermoso. Expresión de un ánimo derrumbado, grito o aflicción del hastío que se produce al ver que algo podía haber sido y no fue. Ciertamente un arte muy grande pergeñado sobre una geología social de miras pequeñas, como una luz que se desvanece sobre unas ruinas seculares.

Artistas extraordinarios, dolidos, grandes genios que han tenido que soportar la incomprensión.

San Juan de la Cruz, Albéniz, Miró, Cervantes, Casals, Goya, Machado, Velázquez, el Arcipreste, Gracián, Victoria, Rosalía, Sorolla, Papasseit, Gaudí, Falla, Pessoa, Zurbarán, Lorca, Maria João Pires, Garcilaso, Herrera, Àusias March, Berruguete, Góngora, …  

¿Qué sería de esta desquiciada piel de toro sin todos vosotros?

jueves, 12 de noviembre de 2020

Lectura en tiempos de confinamiento

Capilla Pazzi. Florencia. Arq. Filippo Brunelleschi.

 

Ospedale degli Innocenti. Arq. Filipo Brunelleschi

  

En estos tiempos de confinamiento, a menudo dejo a un lado el libro que estoy leyendo y, mirando a través de los cristales empañados, observo el cielo de otoño y acuden a mi memoria la fachada de la capilla Pazzi, los arcos del Ospedale degli Innocenti y otras arquitecturas de Brunelleschi; degusto unas alcachofas con paté de oca y cuando vuelvo a la lectura ya no me acuerdo de qué trataba el libro.

martes, 10 de noviembre de 2020

Obras son amores y no moralinas ni razones

Toro. Óscar Domínguez (1906 – 1957)


Me guardo mucho de juzgar el comportamiento moral de un artista u otro. ¿Cómo voy a opinar sobre los actos personales de Wagner o de Gesualdo? No me importa lo que hacían en sus vidas privadas. Su comportamiento es una cuestión moral y no existe ninguna autorización artística para juzgar su conducta.

Me interesa la obra de los artistas y no voy a dejar que su comportamiento personal enmascare su acción creativa y mucho menos visto con una moralina o una óptica que no coincide con la de la época en que ellos vivieron.

Creo que se hace un gran agravio a la historia del arte cuando se juzga un trabajo artístico a partir de las hazañas personales del artista.

Muy a menudo, la crítica calvinista y muy especialmente la anglosajona, se atreve a juzgar la obra de arte a partir del comportamiento del hipocondrio de algunos artistas. Así juzgan la poesía de Safo o la pintura de Caravaggio. Nos inflan la cabeza con majaderías morales que nada tienen que ver con el arte y desvían la atención de lo que es realmente sustancial.