miércoles, 23 de septiembre de 2020

Un inventario

 Retrato de Valentina. Roland Penrose


Entre los escombros de la ciudad decrépita
no encuentro las huellas de lo sagrado,
ni las fachadas conservan la señal de la melancolía,
solo garabatos de colores acabados.

La desolación habrá terminado cuando ya no podamos mejorarla.

El paisaje del suburbio conserva el rastro estigmatizado 
de las navajas y los puños americanos.

En el parque, esferas rotas de hormigón,
pedestales y estatuas caídas.
En los bulevares, restos de instalaciones,
asfalto cuarteado y tubos de cloacas
por donde corretean las ratas.

A resguardo de la intemperie:
         camastro y colchón roto,
         palangana con vendas y jeringuillas,
         cortinas rasgadas,
         juguetes rotos de niños
         juguetes rotos de adultos
         juguetes para niños rotos
         juguetes para adultos rotos
         libretas amarillentas
         fragmentos de azulejos
         humedad moribunda
         y el libro de la infidelidad.

Expuesto a la intemperie:
         calzadas y aceras troceadas
         mampostería concertada
         rótulos de carnicerías y de escuelas
         puertas cerradas de geriátricos,
         cascos de motoristas,
         persianas desvencijadas de aluminio,
         barandillas oxidadas,
         coches desmantelados,
         tuberías y cables eléctricos,
         aleaciones de cobre y plástico,
         y el libro de la traición.

El inventario se completará cuando acabe de perfeccionarse la barbarie.

lunes, 21 de septiembre de 2020

James Stirling


Aunque nunca fui un mitómano ni me dejé convencer por argumentos de autoridad. En mis años de estudiante de arquitectura escuchaba lo que decían los arquitectos más famosos y experimentados. Asistí a muchas conferencias. Me interesaba ver cómo justificaban sus proyectos. Escuché también muchas majaderías. Muchas de sus obras eran de gran calidad y no necesitaban de ninguna justificación, la obra se justificaba sola y las palabras de su autor sobraban.


Podía pasar de todo: que un arquitecto justificará una desgracia arquitectónica, que un argumento mojigato intentará explicar una obra excelente o que algunas argumentaciones divagaran entre ideología y moral. Aun así, me atraían las manifestaciones de los grandes arquitectos.

 

En una ocasión asistí a una conferencia de James Stirling (1926-1992), el arquitecto escocés autor de la famosa Facultad de Historia de la Universidad de Cambridge.


 Sir James Stirling, con toda su obesidad desparramada detrás de la mesa de conferenciante, dijo que la buena arquitectura debe expresar el uso que tiene la obra, que todos los elementos arquitectónicos deben comunicar precisamente el uso del edificio. Puso el ejemplo de su Facultad de Historia y dijo que un por tratarse de un edificio donde se investiga y se estudia la historia deben organizarse los espacios, la estructura y la composición de fachadas de manera que recuerden o aludan episodios históricos de diferentes épocas.

Escuché esta explicación de Stirling y le pegué un codazo al compañero que se sentaba al lado, me contuve la risa y pensé en una fábrica de hamburguesas, ¿cómo deben ser las fachadas de una fábrica de hamburguesas?, ¿cómo debe proyectarse la estructura de un matadero de cerdos?, ¿serán pilares en forma de salchicha y vigas colgantes en forma de jamón?


Al salir de la conferencia, el compañero de asiento me dijo: has visto que gordo está Stirling, algunos dicen que su estilo es brutalista.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Brutalismo y brutalidad. Arquitectura



Obra del templo de la Sagrada. Barcelona



Biblioteca Geisel de la Universidad de San Diego, en La Jolla (EEUU)


El brutalismo es un estilo arquitectónico que surgió a finales de los años cincuenta del siglo XX. Algunos afirman que su denominación hace referencia a los elementos de obra bruta, en concreto al hormigón en bruto, al béton brut como decía Le Corbusier.  El caso es que, a partir de ahí, fue el crítico inglés Reyner Banham quien acuñó el término de brutalismo.


Otros opinamos que el brutalismo se refiere a la forma arquitectónica y no al tipo de materiales utilizados. Los materiales en “bruto” se han utilizado a lo largo de la historia, los castillos medievales utilizaban mampostería de piedra en bruto, incluso vemos pedruscos en bruto en los palacios florentinos y a nadie se le ocurre decir que aquello es una arquitectura brutalista.


Walden 7, Sant Just Desvern (Barcelona). Ricardo Bofill Levi



El estilo brutalista se refiere sin duda a la arquitectura proyectada con voluntad de brutalidad. Los espacios proyectados suelen ser desaforados, las proporciones son brutales, me refiero a la animalidad del término.


La arquitectura brutalista no atiende a la proporción de la parte con el todo, cada elemento expresa la brutalidad a su aire. Unos volúmenes son manifiestamente expresionistas y cabalgan sobre otros que también lo son pero que expresan otras cosas y todos ellos con voluntad de implantar su ferocidad en el espacio.

Cine abandonado en Sandakan, Sabah


Algunos arquitectos brutalistas quisieron cargar sus proyectos con un lastre ideológico, quizás un cierto grado de frustración ante los postulados del Movimiento Moderno. Cuestionaron el racionalismo y propusieron otro valiéndose de los materiales “en bruto”.


Alison y Peter Smithson (unos de los padres del brutalismo) utilizaron estructuras vistas de acero y ladrillo, pero esto tampoco era ninguna novedad, se habían utilizado desde Viollet le Duc hasta el modernismo. La influencia de los Alison fue teórica y su obra fue escasa.

Kirche Zur Heiligsten Dreifaltigkeit. Viena



Teatro Teresa Carreño, Caracas. Arqs. Tomás Lugo Marcano, Jesús Sandoval y Dietrich Kunckel



Robarts Library. Toronto. Canadá

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Continuación de las obras de la Sagrada Familia


Si he traído el ejemplo de la continuación de las obras del templo de la Sagrada es porque creo que ahí se reúnen todos los ingredientes de brutalidad y desproporción que caracterizan el estilo brutalista, así como el uso del material en bruto y además un uso fraudulento de los mismos, por ejemplo, elementos de hormigón que imitan la piedra, bóvedas con atirantados escondidos, estructuras que trabajan a tracción impropias del estilo original, etc. Un desaguisado conceptual, brutal y material.