martes, 28 de enero de 2020

Urgencia en la noria del tiempo


 Melissa
Giovanni di Niccolò Luteri, llamado Dosso Dossi (1490 - 1542)


Ahora urge, 
tenemos que recurrir a Cronos,
a Metis y a Fanes, a los que iniciaron las generaciones,
incluso a Caco y a Atenea,
a la luz intensa del mar Egeo o a las nieblas de la última Thule,
a griegos y a judíos, a "tutti quanti", o a quien sea,
para zafarnos de tanto idiota con carnet y de tanto imbécil agitador que nos están haciendo la vida imposible.

domingo, 26 de enero de 2020

A nadie le amarga un dulce



A nadie, o a casi a nadie, le amarga un dulce, pero puede empalagarnos, muchas veces el dulzor puede amargarnos la existencia.

Lo azucarado, lo melifluo, lo acaramelado se pega en el paladar y en la garganta. Tragamos dulces que se enganchan en el conducto digestivo y lo peor, es que a veces no se trata solo de pastelillos, encontramos golosinas en el medio ambiente y en los medios de comunicación que solo sirven para confundir nuestra percepción.

Es dulzón el lenguaje políticamente correcto, los eufemismos y los amaneramientos. Estas son formas azucaradas de enajenación.

Hay discursos blandengues y dulzones como un chuche que esconden una mala leche agria y espantosa, me refiero principalmente a aquellos que apelan a los sentimientos.

Hay canciones empalagosas que parecen bonitas y solo sirven para atontar, ahí está cualquiera de John Rutter,  por ejemplo, For the beauty of the Earth, esta cancioncilla tan "bonita, bonitísima" que nos dice que la tierra es bella sin tener en cuenta terremotos o inundaciones y sin considerar que los que pueblan este globo terráqueo son unos pendencieros.

Hay una poesía acaramelada y preciosista que sirve para provocar la lágrima fácil y hay unos modales deleitosos y blandos que son un dechado de hipocresía.

Además de empalagarnos, el dulce puede llegar a provocar un daño bastante serio. En efecto, cuando el paso del tiempo ha intervenido con malas artes sobre nuestro cuerpo y, de forma despiadada, ha hecho que se incrementen los niveles de glucosa de nuestro organismo, entonces el efecto del caramelillo es nefasto y solo basta que un energúmeno nos proporcione alguna dosis azucarada de engaño o manipulación para desequilibrar nuestro metabolismo o nuestra salud mental.

Así que cuidado con los turrones, neules y polvorones.

Nota: la flor tan bonita que se ve en la imagen es un cardo borriquero.

viernes, 24 de enero de 2020

ESCULTURA CACHIVACHE

'Bordalo II', Animal de chatarra. Artur Bordalo


Gran parte de las esculturas abstractas que podemos contemplar en los museos o en espacios públicos se nos presentan como cachivaches de estar por casa, parecen objetos domésticos. Su significado se reduce a una estricta familiaridad inútil.

Estas esculturas son más cotidianas que vulgares –ojalá fueran vulgares–, son más domésticas que singulares. Su significación estética está desprovista de singularidad.

Diríase que la materialidad del objeto escultórico está más próxima a la de un artefacto multifuncional que a la voluntad de una expresión artística.

El precedente de esta estética de cachivache la encontramos en el Constructivismo ruso, especialmente en Rodchenko, salvando, eso sí, todas las distancias cualitativas y temporales. Hoy, esta cualidad de objeto inservible se manifiesta de manera insustancial y exagerada en los artefactos mecánicos que suelen acompañar muchas instalaciones o performances de algunos artistas conceptuales.

La escultura cachivache es un objeto desprovisto de codificación estética y como tal, una obra creada con voluntad de enajenar al personal.  En el mejor de los casos, la escultura cachivache, es un artefacto cultural, más que una obra de arte.

Echo a faltar la especulación formal de Henry Moore o las reflexiones sobre el espacio de Oteiza o de Chillida.