miércoles, 16 de enero de 2019

Amanecer tras la ventana



Amanecer tras la ventana

El sol despierta por encima de las copas de los plátanos
y el desasosiego inquieto de las hojas se ha mezclado
con el verde de Lorenzo Lotto.

La luz temblorosa de las últimas farolas se apaga
y el gris infinito de las paredes y cornisas
se confunde con las noticias de la mañana.

Más allá de estos vidrios aún empañados,
unos pasos nerviosos conmueven el aroma del café.
El peatón deja las huellas de su afán en la calle.

Un estrépito de codicias y escaparates
se prepara como el vuelo diario de las palomas
que ensucian las estatuas de los próceres.

F.C.

lunes, 14 de enero de 2019

Jacint Verdaguer


Jacint Verdaguer (1845-1902) está considerado como uno de los padres de la literatura catalana moderna. Fue un poeta popular muy apreciado, reputación que se puso de manifiesto el día de su entierro, que constituyó una manifestación de duelo impresionante. 

El pueblo lo consideró como “el poeta nacional de Catalunya”. Ya se sabe, las gentes son propensas a estas grandes consideraciones después de asistir a un entierro.

Debo reconocer mi admiración por sus versos más populares y por algunos párrafos de su prosa, pero también debo confesar que aplaudo todas las críticas que hacen contra su obra, de aquellos que lo califican de místico de medio pelo y de aquellos que dicen que su poesía es la reminiscencia de una retórica abolida, afirmo que ya era abolida en la época en que fue escrita.

Verdaguer era de una familia de campesinos de la Plana de Vic y se ordenó sacerdote en Vic en 1870. En los Jocs Florals de Barcelona ganó diferentes premios con sus poemas sobre el Amor, sobre la Patria y sobre la Fe.

En 1868, el poeta occitano Frederic Mistral pronosticó públicamente la fama de Verdaguer, impuso su mano sobre la cabeza del joven poeta y solemnemente pronunció aquella frase clásica: ¡Tu Marcellus eris! El seminarista quedó entusiasmado, casi que cayó desmayado a los pies del poeta occitano.  Yo creo que la imposición de manos de  Mistral  sobre Verdaguer, le hizo al curita más mal que bien.

Verdaguer dio pábulo a la beatitud de una mística fundacional de la Cataluña eterna. Su poema Canigó es un canto a la Cataluña cristiana de la Edad Media. De esta leyenda imaginada a lo esotérico hay un paso de enano.

En efecto, mossèn Jacint Verdaguer fue un cura que se dedicó a la videncia y practicó exorcismos, se excedió tanto que el obispado le retiró la licencia de celebrar misas. Fue limosnero del Marqués de Comillas quien lo nombró capellán en uno de los barcos que hacían la travesía a América en tiempo de la trata de esclavos.
 (Atención, yo no he dicho que este barco del Marqués de Comillas trasladara esclavos, ni he dicho que este marqués fuera esclavista, otros sí lo fueron)

Gracias a la intervención de los agustinos de El Escorial, el obispo Morgades le levantó su inhabilitación sacerdotal.

A su favor debemos reconocer que Verdaguer recuperó para la lengua catalana la dignidad literaria que había perdido.

Tuvo que ser precisamente un cura exorcista quien recuperara la dignidad literaria perdida de esta lengua nuestra tan querida.

Este es un país desgraciado tal como lo había calificado Josep Pla. 

Nota: un día diré qué copa es esta que aparece en la imagen.

viernes, 11 de enero de 2019

Mareos y contradicciones


Sin título Will Faber (1901-1987)


Vamos a retorcer el lenguaje, a ver si entre todos conseguimos marear la perdiz:

         Maldita sea la razón que te impide adorar
         Bendita sea la razón que te permite adorar
         Maldita sea la razón que te permite adorar
         Bendita sea la razón que te impide adorar

Lo uno y lo contrario. Esto es lo que encontramos en los textos sagrados. Así van, desorientándonos con brújulas malignas.

En unas páginas afirman una “verdad” y unas páginas más adelante la niegan.

Cada uno encuentra lo que busca, si no es en un capítulo, es en otro.

La permanencia e interés por los textos sagrados reside en estas contradicciones recurrentes.

Todos mareados y todos contentos.