City love rainbow. NYC
La
vulgaridad es una estrategia vital, una actitud inteligente e indispensable para adaptarse al medio. La vulgaridad, entendida cómo aquello que es opuesto a la exclusividad, es una de las herramientas más eficaces
para la creación artística. Es directa y se expresa sin esfuerzo, al contrario
de lo que ocurre con lo privilegiado, el alto standing o la excentricidad que, para mantenerlos,
debemos dedicar obduración y pertinacia. Ciertos individuos llegan a adoptar
actitudes fantasmagóricas para parecer más y más exclusivos, y no son otra cosa
que unos rarillos más o menos frívolos. La phantàsmata es alucinación y
mentira.
Homero,
Horacio, Cervantes, Shakespeare y cualquier otro gran literato que haya dejado
una huella perenne en la historia, la ha dejado porque su obra ha expresado la
realidad tal como es, sin afinamientos ni retorceduras excéntricas.
La
obra de los grandes artistas es gruesa, no se anda por las ramas, y si hay en
ellas sutileza y finura, algo consustancial a las grandes obras de arte, las
hay porque expresan sentimientos vulgares con ingenio, belleza y
sensibilidad; cualidades, éstas, que no debemos de confundir con la phantàsmata de la sensiblería, el amaneramiento,
la afectación, lo pretencioso, lo rebuscado o la teatralidad.





