La
teoría de la nada de Lili Ausler
Sólo tiene los vocablos imprescindibles
para expresar el aroma del tiempo.
Un alegato cruel revienta las sábanas
y la luz del alba.
Lili Ausler es una perpetua evanescencia,
una flor tenue de pétalos acidulantes.
Cruce de la nada con la carne
y con el olvido de las dos.
Sabe que el dilema no es preguntar
ni medir el peso de las sombras.
Escuchar, quizás, el aleteo del albatros
que planea sobre el océano.
Lejos quedan los límites del cobalto,
de los metales y de las morfologías.
La alegría que pasa y los paseos
a lo largo de la alameda.
Lili Ausler tiene la memoria del riesgo
y el pensamiento del caos y sabe
que la dispersión de las olas
es la espuma suave.
El espacio invita al olvido del viento,
-no, es el tiempo quien invita-
eterno binomio de una misma cosa:
el paso de los solsticios.
Las razones de Lili son decretos funestos
que cuestionan el quien, el cómo y la
nada,
el espíritu sutil de los parlamentos de
marfil
y las madreselvas.
La teoría de la nada de Lili Ausler
es
un polinomio incompleto.
Francesc Cornadó (Llum de caverna)