Virtus domitor fortunae, 1510.
Marcantonio Raimondi (1480-1534)
Confiar en la Fortuna fomenta la pasividad. La Sabiduría se opone a la Fortuna, así nos lo dice Petrarca en el De Remediis.
La Fortuna acentúa la impotencia de las criaturas a la hora de enfrentarse con el infortunio.
La Fortuna es una diosa que se identifica con la Tique griega. La vemos representada con el cuerno de la abundancia y con un timón como si fuera por ahí, dirigiendo el rumbo de los hombres y mujeres que navegan por el mar de los mortales.
En el Renacimiento decae la confianza en la Fortuna. El Humanismo renacentista confía más en la Voluntad, con ella y con la Prudencia, va transformando el vir fortunatus en vir prudens.
La Prudencia está personificada por el dios Mercurio que es dios del comercio, las ganancias y el intercambio de mercancías.
El hombre del Renacimiento hace Virtud de la Voluntad, de la Prudencia, de la actividad del arte, del comercio y de la industria.
Aquella "Oh, Fortuna imperatrix mundi" es un paradigma del Medievo, ya no es emperatriz en el Renacimiento.
Aquella Fortuna que andaba por las altas esferas manejando el timón y repartiendo bienes sin ton ni son y sin ningún criterio racional es sustituida por el Homo faber, capaz de producir y transformar la naturaleza y dotar su creación de Nobilità.
El hombre del Renacimiento está reñido con esas diosas de la abundancia que reparten de forma arbitraria frutas y verduras a granel.
Podían los artistas del Renacimiento pintar la Fortuna con su cornucopia, podían admirar aquella figura generosa, pero sabían que la fortuna no viene sola, que se requiere del mazo, es aquello de "a Dios rogando pero con el mazo dando". Algún renacentista llegó a afirmar que Fortuna era una diosa viciosa.
Marcantonio Raimondi (1480-1534) -magnífico grabador- expresa ese rechazo de la Fortuna irracional.
En su grabado "Virtud hercúlea castigando a la viciosa Fortuna" (Virtus domitor fortunae, 1510) nos muestra cómo un mortal agarra a la diosa por los pelos y le propina una zurra.
Los renacentistas relegaron la Fortuna únicamente a las victorias militares y no la quisieron de socia para los asuntos del arte, la ciencia o el comercio.
En cuanto a lo militar, cabe decir que en el Renacimiento se mantuvo el carácter positivo de la diosa Fortuna que se entrometía en las peleas. Lo cuenta Leonardo Bruni en su Laudatio Florentine urbis, parece que la Fortuna favoreció a los gobernantes florentinos en las trifulcas armadas que estos tuvieron con Giangaleazzo Visconti duque de Milán.

El hombre moderno del Renacimiento no deja el destino en manos de los dioses. La razón, el trabajo, la voluntad, la mentalidad urbana y mercantil son los nuevos motores del progreso.
ResponderEliminarSalud.
El hombre del Renacimiento era un humanista. El hombre era el centro de toda creación artística o industriosa, nada debía quedar bajo la arbitrariedad de la Fortuna.
EliminarSalud.
Me gusta mucho este grabado del domador de la Fortuna. Raimondi tiene otros muy buenos, como del de "La última cena", supongo que basado en Leonardo, pero con una ventana en arco serliano como fondo, en lugar de la adintelada de éste.
ResponderEliminarhttps://www.academiacolecciones.com/estampas/server/files/B-1924-042a.jpg
«No solamente es ciega la Fortuna sino que de ordinario vuelve ciegos a aquellos a quienes acaricia». Eso decía un sujeto llamado Cicerón en Laelius de Amicitia. La buena fortuna es azarosa y puede llegar trastocar el juicio del que la tiene, sugería. Y Cervantes, diecisiete siglos depués, en Los trabajos de Persiles y Segismunda ya se barruntaba que «las grandes venturas que vienen de improviso siempre traen consigo alguna sospecha».
Estoy de acuerdo con esos dos señores, pero, por si acaso, juego mis columnas de la Primitiva siempre que paso por un sitio de Loterías. Si me toca, estaré prevenido.
Abrazos.
"Que vienen de improviso" (no de improvisación), escribía el manco de Lepanto.
EliminarAmigo Gran Uribe, Marcantonio Raimondi es un grabador muy, muy bueno. Fue un humanista, un hombre convencido de las ideas del Renacimiento.
EliminarSalud.
¡Cuánta razón tenía Cervantes!
EliminarSoltar el timón en plena tormenta esperando un toque de fortuna para que la nave no derive, es el colmo de la inconciencia.
ResponderEliminarLO que es externo a nosotros no nos pertenece, un ejemplo es la salud, así que no pretendamos que la Fortuna no cure el mal, sino la sabiduría del raciocinio.
Los Dioses son eso, dioses que se inventa el humano para sentirse protegido, cuando la verdadera protección empieza por la educación.
Salut
Amic Miquel, ir por ahí confiando en la diosa Fortuna es así como andar con un lirio en la mano. Bunge diría que es esotérico.
EliminarAbrazos,
Viendo a ese mortal agarrar a Fortuna por los pelos, uno diría que Petrarca, Bruni y Raimondi se pusieron de acuerdo para fundar el primer sindicato contra la diosa caprichosa. Lástima que, cinco siglos después, seguimos culpando a Fortuna de lo que el vir prudens habría resuelto reflexionando sobre lo que escribieron los humanistas. Aunque nos cueste aceptarlo, Francesc, hay que tener a nuestro favor la buena fortuna, porque los mortales no tenemos control de casi nada
ResponderEliminarAbrazos
Amiga Marga, consideramos a la diosa Fortuna como si fuera el chivo expiatorio, la cargamos con todos nuestros males y así nos liberamos, todo esto es cosa esotérica.
EliminarYo creo que aún tenemos el control de cómo ponernos los calcetines, que sí empezar por el derecho o por el izquierdo, esto es un signo de libertad extraordinario.
Un fuerte abrazo.
La Fortuna, como diosa a veces es buena y otra veces es mala.Cada época ha tenido que inventarse una diosa Fortuna.Pero comparto que mejor a Dios rogando y con el mazo dando.Mercurio tenía razón "La Prudencia" mueve mejor esos hilos de la vida...
ResponderEliminarUn precioso texto a esta MENTIROSA ...
Un abrazo Francesc
Amiga Bertha, vemos casi siempre que la Fortuna reparte bienes y ganancias de una manera irracional, parece que es una diosa sin criterio, o por lo menos sin un criterio que nosotros, desgraciados mortales, podamos entender.
EliminarUn abrazo.
Me encantaron los comentarios de Boecio acerca de la Rueda de la Fortuna, una rueda que hacia pedazos a cualquiera. Parece pues que en el rancimiento se negaron a ser pulverizados.
ResponderEliminarParece, J.C., que en el Renacimiento, la Fortuna tenía poco predicamento.
EliminarSaludos.