miércoles, 16 de septiembre de 2026

El paseante de Barcelona

 

Ansiedad (1894). Edvard Munch

Muchos van paseando, mirando por aquí y mirando por allá, entretenidos o atentos viendo la diversidad de las gentes. Son auténticos flâneurs que curiosean, pasean y miran. Son los distraídos, aquí les llamamos "badocs",

El flâneur de Barcelona es un lector de las formas: mira y deduce, mira y calcula, mira y reflexiona delante de los escaparates o de los grafitis y todo esto lo hace de una manera amable sin complicarse demasiado y deja que sean las formas las que se expliquen.

El barcelonés es un "badoc", tanto como los del Vilosell, los de Sabadell o los de Taradell.

Aquí hay gente que anda abstraída, mirando la pantalla del telefonillo, son individuos distraídos, tan "badocs" como en otras partes, ya sea la Plana de Vic, les Garrigues o el Vallés donde

"tres turons fan una serra,
quatre pins un bosc espès..."

aquí

          tres grafittis son arte de verdad,

cuatro turistas una diversidad.


En Barcelona nos gustan más los turistas que los tractoristas, estos, sin bajar del tractor, se sorprenden y dicen que Barcelona está llena de "pixapins" (mea pinos), aseguran que no sabemos distinguir un gallo de una gallina, pero resulta que sí que sabemos distinguir muchas de las especies de la fauna humana y sabemos por donde circula el metro.

16 comentarios:

  1. Francesc, no sé si sabemos distinguir un gallo de una gallina o identificar las paradas de metro. Poca cosa todo ello para entender los muchos pliegues de la realidad. Estoy convencida de que vivimos en una ceguera permanente, apenas aliviada por algunos destellos que nos convencen de que sabemos "algo". Bien llegado al minúsculo mundo de los blogs.

    Abrazos

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    1. Amiga Marga, deberemos confiar en los destellos que nos proporciona el conocimiento, nos da una apertura de miras.
      Estoy contento de volver a establecer la comunicación con vosotros, los amigos del blog.
      Abrazos.

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  2. Dicen que en todas partes cuecen habas. Hay, creo, "badoc" en todas partes, lo que sucede es que está cambiando el soporte, ya no se mira tanto en derredor, ahora se pegan a la pantalla.
    Un abrazo

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    1. Amic Miquel la "badoquería" fomenta la torpeza espacial. Ahora, son los torpes digitales, aquellos que atentos a las pantallitas, andan chocando por aquí y por allá.
      Abrazos

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  3. És molt noble l'art de badar, I si tens dubtes, t'ajups, i simula cordar-te les sabates. Veuràs el món amb ulls d'infant.

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    1. Amic Puigcarbó badar és molt satisfactori, sobretot si aprens del que veus. És un art, mirar i aprendre.
      A vegades, ajupir-se te alguns perills.
      Salut.

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  4. Antes yo era un flâneur impenitente por Barcelona, un auténtico badoc. Ahora ya no. Me cansa ver turistas en samarreta, las tiendas siempre iguales a sí mismas y que han sustituido a las antiguas que me gustaban, las persianas decoradas por nuestros incansables grafiteros. Además, corro el riesgo cada dos por tres de chocar con alguien mirando el móvil. Recuerdo que Javier Marías señalaba con cierta frecuencia en sus artículos la extrañeza que le provocaba ver a personas caminando por la calle, sentadas en restaurantes o esperando en el transporte público con la cabeza inclinada, ensimismadas y frotando la pantalla táctil de forma idéntica a como los videntes y pitonisas de la ficción frotan su bola de cristal esperando una revelación o un milagro. Es cierto, aunque no sé qué miran tan abstraídos, muchos están así.

    A esa tropa se han añadido las niñas que se autograban "tik-toks" haciendo el imbécil y poniendo posturitas. Y también los que lo usan a modo de GPS. Ni a unas ni a otros los citó Marías en su día, porque son especímenes más recientes. Estos últimos (los del GPS) no pueden caminar cincuenta metros sin saber exactamente dónde están y adónde se dirigen. Ojo, no sólo son turistas, que se comprende, también los hay de aquí que temen perderse en su propia ciudad. Reconozco que lo uso a veces por Barcelona, aunque sólo lo hago para retratar algún un edificio que me llama la atención pero del que desconozco su autor, a ver si Google Lens me arroja luz sobre el asunto, muchas veces sin éxito. Y si vas de viaje en coche y no tienes GPS, difícilmente encontrarás en alguna gasolinera un miserable mapa. Claro, ya nadie los usa, quizá porque nadie los sabe leer ya.

    Yo creo que mucho antes de tus anunciados setecientos años, la raza humana tendrá la vista hecha cisco desde el nacimiento, habrá perdido ya totalmente el sentido de la orientación y le habrá crecido desmesuradamente una mano, o algunos dedos, a base de usar abusivamente ese artilugio. [Ojo. Hay casos diferentes. Mi hermano —sin ir más lejos— perdió el sentido de la orientación a raíz de tener un Covid que le duró meses, con su correspondiente persistencia posterior. Conocía palmo a palmo la ciudad de Ibiza, no en vano había sido arquitecto municipal allí, pero desde entonces apenas se puede orientar si no lleva el móvil encima. Eso es diferente].
    Un abrazo.

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    1. Amigo Gran Uribe, también yo paseaba, miraba los edificios, el aspecto de la gente, los escaparates, etc. ahora intento hacerlo, pero resulta difícil, a la que te descuidas hay algún “torpe espacial” que te atropella, casi siempre es porqué está atento al telefonillo, pero muchas veces es porque es algún tosco acartonado que padece el mal de la insensibilidad absoluta y te arrolla y se va.
      Sólo he utilizado el GPS por cuestiones profesionales, lo utilicé en unos proyectos de medición de distancias entre edificios y locales, pero nunca he utilizado particularmente el GPS. Me oriento muy bien, siempre sé donde estoy y conozco muy bien el plano de la ciudad, también el de las ciudades que he visitado, siempre me hago con algún mapa y siempre me oriento.
      Salud.

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  5. No sé si deducir del texto que por esos pagos hay tanto provincianismo al menos como por otras partes, pero no entro más en el tema.

    Sobre flaneurs y otras hierbas hay un autor francés llamado Pierre Sansot que diserta sobre el asunto en su "Del buen uso de la lentitud".

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    1. Amigo Fackel, por aquí hay de todo: provincianismo, turismo, expats, emigrantes, vagabundos, desquiciados que andan por las calles gritando, buscavidas, medio-locos, locos perdidos, locos de atar, personas sin techo que duermen en el suelo, vándalos que destrozan el mobiliario urbano, grafiteros, personas de género diverso, carteristas, timadores, delincuentes que reinciden una y otra vez, etc. Esta parece una ciudad de heterotopías al aire libre.

      Conozco Pierre Sansot, empecé a leer su obra cuando estudiaba urbanismo, leí Poétique de la ville, en una traducción que hizo el Laboratorio de Urbanismo, lo leí junto con la obra de Henri Lefebvre, que entonces me interesaba mucho, sobre todo su teoría sobre el “derecho a la ciudad”; creo que he leído todo lo que se ha traducido al español de Lefebvre.

      En cuanto a Pierre Sansot, ya más tarde leí “Les formes sensibles de la vie sociale” y “Les Gens de peu”. Luego ya al cabo de unos años, cuando escribí Jardí Ardent, para documentarme, leí su “Jardins publics” y “Chemins au vent”.
      Gracias por la recomendación.
      Salud.

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  6. El "flaneur" como método de observación para documentar debidamente un relato o una novela. Otras formas de observación son más típicas de mirones o voyeurs.
    Salud.

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    1. Amigo Cayetano, pasear y mirar con atención aporta muchos conocimientos. En mi caso, quizá por deformación profesional, observo y dibujo y si no tengo un lápiz en la mano, las formas quedan en mi pensamiento y luego, más o menos, las reproduzco sobre un papel.
      Salud,

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  7. Francesc:
    el novelista que quiera mirar a la gente y tomar nota para sus personajes lo tiene difícil porque todo el mundo (casi) va pendiente de su móvil.
    Salu2.

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    1. Amigo Dyhego, conocer a la gente puede llevarte a grandes decepciones. Si todos, o casi todos, van pendientes del telefonillo, corren el peligro de chocar con una farola o con cualquier otro que también va por ahí, luciendo su torpeza espacial.
      Salud.

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  8. Conocer, distinguir, discernir, comprender son buenas bases para que un observador pueda dejar su expresión artística (escrita, fotografiada o pintada…) con gran creatividad.
    En cuanto a la distracción, pienso que el que anda distraído no puede aplicar las bases mencionadas con mayor precisión.
    Sin embargo, de la vista puesta en el móvil parece salir un láser que hace mantener los ojos pegado al dichoso aparato.
    Por otro lado, el cuadro impresiona. La cara de la gente embelesada y el cielo que se mueve o cambia con brutal rapidez, o eso me parece.

    Seguiré leyendo.
    Hasta la próxima vez!!!

    Andri Alba

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    1. Amiga Andri, la observación atenta y reflexiva es fundamental para la creatividad artística.
      La falta de atención y la distracción gratuita sólo sirven para perder el tiempo.
      Utilizo muy poco el móvil y apenas lo utilizo por la calle. Intento ir sorteando el paso de estos individuos que andan por la calle pegados al móvil, van mirando la pantallita y no se enteran de nada, temo que chocarán contra mí, ya ha ocurrido alguna vez.
      Saludos.

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