sábado, 16 de marzo de 2019

La fatxenderia de Manelic


Manelic (1909), Josep Motserrat (1864-1923)

És una escultura ben trobada, l’escultor, Josep Montserrat, va saber expressar de forma encertada la fatxenderia d’aquest pastor del Pirineu.

Manelic és una espècie de Sigfrid nostrat, l’heroi innocent amb una moral anterior al bé i al mal. És l’encarnació bucòlica i candorosa del jove rabadà que sense saber per què, aixeca el cap cap el cel amb la fatxenderia d’aquell que no ha vist mai res més que uns ramats de xais i creu que tot l’univers és allò que encerclen les seves muntanyes estimades.

Al museu d’Escultura a l’Aire Lliure de Montjuïc s’aixeca l’estàtua del pastor innocent de Terra Baixa. De fet, en Manelic ja estava a Montjuïc abans, quan en aquesta muntanya, plena de barraques, una noia i un soldat baixaven de la Font del Gat.

Avui, la fatxenderia d’en Manelic és una contradicció. Ell aixeca la mirada i ja no veu les seves muntanyes ni sent els esquellots de les vaques, ans al contrari, als seus peus s’estén la ciutat cosmopolita i al seu costat té la modernitat de la Fundació Miró, el magnífic edifici projectat per Josep Maria Sert, que és una mostra excel·lent de la millor arquitectura racionalista mediterrània.

Ja no hi ha misèria urbana, avui a Montjuïc hi ha jardins i modernitat i l’escultura d’en Manelic que esguarda el cel.

Fundación Joan Miró


Traducción

La fachenda de Manelic

Es una escultura bien hallada, su autor, Josep Montserrat, supo expresar de forma acertada la chulería de este pastor del Pirineo.

Manelic es una especie de Sigfrido de nuestra tierra, el héroe inocente cuya moral es anterior al bien y al mal. Es la encarnación bucólica y candorosa del joven rabadán que sin saber porque, levanta la cabeza hacia el cielo con la jactancia de aquel que no ha visto nunca otra cosa que unos rebaños de ovejas y cree que todo el universo es aquello que queda cercado por sus queridas montañas.

En el Museo de Escultura al Aire Libre de Montjuïc se levanta la estatua del pastor inocente de Terra Baixa. De hecho, Manelic ja estaba en Montjuïc antes, cuando en esta montaña, llena de barracas, una chica y un soldado bajaban de la Font del Gat.

Hoy, la fanfarronería de Manelic es una contradicción. Él levanta la mirada y ya no ve sus montañas ni escucha los cencerros de las vacas, al contrario, a sus pies se extiende la ciudad cosmopolita y a su lado se encuentra la modernidad de la Fundación Miró, el magnífico edificio proyectado por Josep Maria Sert que es una muestra excelente de la mejor arquitectura racionalista mediterránea.

Ya no hay miseria urbana, hoy en Montjuïc, hay jardines y modernidad y la escultura de Manelic que contempla el cielo.

10 comentarios:

  1. Mi padre fue pastor de joven, pero de páramo. Todo horizontal, ni alturas ni bajuras. Ovejas churras, madrugones, ordeños y perro acompañante, al caer la tarde el aprisco. ¿Acechaban tormentas? Refugio bajo las ovejas. ¿Frío de los Torozos? Manta palentina. ¿Apetito? Morral abierto y longaniza y queso. No me lo imagino nunca altivo en aquel tiempo porque no había nada por encima de lo cual sentir la chulería esa del pastor pirenaico. Tampoco se sentiría doblegado por nadie. Pero sí libre. Todo aquel paisaje de juventud tan horizontal saltó por los aires con el servicio militar y a continuación por el golpe de la conspiración anti constitucional y la consecuente guerra. Ya no volvió a ser pastor, siguió siendo modesto, no obstante enérgico, la única estatua es la que yo puedo elaborar en mi memoria. Por asociación de ideas me he permitido este desahogo.

    En España, tanto en Cataluña como en la terrible y otrora temible Castilla profunda, todo proceso de cambio fue muy lento y hoy prácticamente solo las estatuas de esa guisa quedan para contemplar los nuevos núcleos urbanos, las autopistas, lo fabril, el cosmopolitismo que los más reacios aún tratan de cercenar con sus pretensiones políticas. Por cierto, hay estatuas de pastores en otras partes de España, en concreto en el bellísimo y tortuoso desfiladero de Pancorbo (Burgos) hay estatuas del pastor, del chico ayudante y del perro. Si hay esculturas en este país que merezcan preservarse por su simbolismo realista, independientemente de la calidad de la obra, y por ser todos nosotros agradecidos, son las de los pastores, a los que tanto debemos. Los jardines, la modernidad y las esculturas representativas son un mundo aparente frente a la rudeza del pasado en ese oficio y en muchísimos otros. Claro que el futuro será de los robots.

    Un abrazo

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    1. Amigo Fackel, no conozco el mundo de los pastores, pero supongo que no piensan igual los de las tierras planas que los de las altas montañas, la mirada de los primeros suele ser bastante extensa, la llanura se lo permite; la mirada de los pastores de las tierras altas se detiene enseguida, topa con algún peñasco cercano.
      Cuando Manelic bajó del Pirineo y fue a las tierras bajas, a la "Terra baixa", encontró traiciones y sentimientos que él desconocía, no se supo adaptar y mató al lobo ("he matat el llop"). La obra “Terra Baixa” de Ángel Guimerà es un drama en el que Manelic representa al héroe noble y primitivo con una moral ingenua no contaminada por el bien y el mal.
      En mi escrito no he querido tanto comentar el comportamiento de Manelic sino el contraste entre lo pastoril y el cosmopolitismo que se hace muy evidente en el emplazamiento donde se encuentra la estatua.
      Una escultura que representa la Cataluña rural, costumbrista y bucólica con imagen de la Barcelona cosmopolita que se extiende a los pies de este Manelic de bronce.
      Abrazos

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    2. Y eso representa a grandes rasgos las dos Barcelonas de las que siempre hago referencia, porque no nos engañemos, hoy, y más que nunca, hay dos Barcelonas.
      Salut

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    3. Hay dos Barcelonas, Miquel, hoy las diferencias se hacen palpables en las calles y se notan en el paisaje urbano, y también hay dos Cataluñas, una monocolor y la otra diversa y cosmopolita.
      Abrazos

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  2. La próxima vez que visite el lugar, pondré atención en localizar esa escultura, más veterana que la Font del Gat, según dices.
    Saludos, Francesc.

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    1. Amigo Cayetano, estoy seguro que cuando visites el lugar te gustará mucho. La escultura se encuentra en el Museo de Escultura al aire libre, un espacio público situado en Montjuïc al lado de la Fundación Miró.
      Abrazos

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    1. Miquel, hablo de escultura y contrastes.
      El contraste es oposición, contraposición o diferencia notable que existe entre personas o cosas. Es también una cuestión óptica que se refiere a la relación entre el brillo de las diferentes partes de un objeto y por extensión entre el brillo de unas ideas u otras; tiene que ver, por lo tanto, con la iluminación y ya sabemos que iluminación es un sinónimo ilustrado de la razón.
      Sí, ya sabemos que, en cuestión de gustos, no siempre se arguye de forma razonada y muchas veces se recurre a sentimientos adustos, concluyendo con el argumento de autoridad o con aquello de “para gustos los colores”, pero, se diga lo que se diga, ahí está Mozart, Miguel Ángel o Dante y en estos no hay colores que valgan, son racional y emocionalmente buenos.
      La actitud que expresa la escultura del Manelic es de fachenda, del jactancioso que poco sabe y que aborrece lo que desconoce y, además, en el emplazamiento donde se encuentra contrasta con la modernidad proporcionada de la bellísima arquitectura de la Fundación Miró.
      Abrazos

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  4. No he tenido ocasión de hablar con pastores, en alguna travesía de montaña hemos pasado cerca pero sin apenas saludar. Hay en lo rural una fuente de personajes mitológicos, quizás porque en un tiempo todos fuimos pastores o cazadores, pero de lo que sí estoy segura es que vivir en el aislamiento social buena parte del año es poco soportable para la mayoría de la gente. Las ínfulas de un Manelic, la chulería es atributo que casa mal con alguien que tiene todo el tiempo del mundo para pensar sobre la insignificancia de lo que somos.

    Abrazos

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    1. Amiga Marga, creo que el aislamiento hace a las personas hurañas, les cuesta relacionarse y normalmente padecen cortedad de miras.
      Lo bucólico, la soledad de las montañas, la compañía de los rebaños y la flauta pastoril siempre han inspirado a los poetas y dramaturgos, es algo exótico que puede hacernos creer que aquella soledad se acompaña de un halo de bondad primitiva, el buen salvaje o el héroe wagneriano que vive con una moral anterior al bien y al mal. Pero lo que a veces nos resulta molesto es que aquellos pastores que no saben cómo funciona un semáforo y no saben sacar un billete de metro se nos presentan con unas ínfulas de chulería insultante y nos dicen que no sabemos distinguir entre un gallo y una gallina.
      Abrazos

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