miércoles, 14 de octubre de 2020

Atrapado en la telaraña

 
Will Faber (1901-1987)

Cuando leo libros de historia siempre me embarga el mismo temor:
¿Quedaré prendado por las anécdotas?

La seducción de la historia puede atraparme en la tela de araña que se forma en el diedro de la pared. En la telaraña es casi imposible reflexionar.

Nos hacemos ilusiones sobre el pasado en vez de reflexiones sobre el porvenir.

Corremos el peligro de padecer el síndrome de Estocolmo y enamorarnos de unos hechos rabiosos y del mal negocio de las experiencias pasadas. Sí, la historia es un mal negocio.

Lo que ocurrió, o sea aquellos desastres, nos han de servir de lección para procurar concordias presentes y progresos futuros.

Ortega y Gasset dijo:
¡Cuánto no ha estorbado y sigue estorbando para que hagamos ciencia y arte nuevos, por lo menos actuales, la idea de que en el pasado poseíamos una ejemplar cultura, cuyas tradiciones y matices deben ser perpetuadas!

Sí, con todas las reservas que queráis, el Siglo de Oro estuvo muy bien, ¿y después?, ¿y ahora?

12 comentarios:

  1. La historia demuestra que la Historia no sirve para nada, los seres humanos -especialmente los españoles- no aprenden del pasado y vuelven a caer una y otra vez en la misma piedra. Soy asiduo lector de historia, disciplina que me interesa muchísimo, aunque en mi casa, todas son alérgicas a la misma.

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    1. Amigo Joselu, conocer la historia sirve para constatar la constante perfección de la barbarie humana.
      Salud

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    2. ¿Ni siquiera sirve la historia personal?

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    3. Amigo Fackel, la historia personal es muy corta y además nosotros formamos parte activa de la misma, somos parte biológimente interesada y apenas tenemos perspectiva para darnos cuenta del error y si somos muy lúcidos podremos detectar alguno pero luego, quizás por supervivencia, escapamos y nos metemos en otros berenjenales.
      Un fuerte abrazo

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  2. Miramos el pasado para reflejarnos en la historia de los hechos gloriosos cuando todos alguna vez pertenecimos a un imperio, etc., algo muy del gusto de los románticos cuando contemplan su castillo en ruinas, pero no aprendemos nada de los errores que cometimos a lo largo de los tiempos. Y así nos va.
    Un saludo, Francesc.

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    1. Cayetano, repetimos y repetimos los errores y luego decimos que la historia es cíclica.
      Saludos

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  3. Ha quedado grabado el dicho de Hegel, aquel que sabemos todos. Creo que la Historia se repite ciclicamente, no dos veces. La muestra es la caída de todos los Imperios, desde el Etrusco, al Griego, de Egipcio hasta el Romano, desde el Asirio hasta el Fenicio, y este, el Atómico, también caerá, y nosotros con él.

    Como bien dices repetimos los mismos errores, pero es que nosotros formamos parte de "la historia", luego estamos condenados a repetir por nuevos, errores viejos del ser humano, porque nos guste o no, el hombre, el contenido de él, no ha cambiado sólo ha cambiado el continente, o sea, el envase.

    Un abrazote

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    1. Miquel somos bestias que repiten, caminamos sobre nuestros pasos sin percibir los pedruscos del camino y que nos hacen tropezar una y otra vez.
      El ser humano va dando vueltas atrapado en la noria del tiempo y cuando está arriba, vuelve a sumergirse en el pozo.
      Abrazos mil.

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  4. Las anécdotas nos cautivaron mucho en nuestra infancia y juventud. Ahora queremos saber qué hay detrás de las anécdotas y por qué.

    Miremos la telaraña pero no nos dejemos atrapar en ella, ni en la del pasado ni en la del presente. Aunque es un afán casi imposible, es más bien un deseo. Pasa como con el laberinto: hermosos símiles pero situaciones reales donde uno está siempre y colea de aquí para allá para que los monstruos no lo eliminen antes de tiempo.

    ¿Ilusiones sobre el pasado? Pienso más bien que son sobre el porvenir. Siempre he estado contra ese planteamiento de: si se hubiera hecho esto o lo otro no se habría dado lugar a...A toro pasado qué bien se dicen las cosas. Como todos esos paisanos que diariamente despotrican en los bares contra todo dios, como si ellos estuvieran por encima del bien y del mal. Demagogos de vía estrecha. Hacer reflexiones sobre el porvenir no sé si es posible, bueno hasta cierto punto se pueden intentar análisis, pero suelen ser cábalas, no solo para el ciudadano de a pi sino incluso para los grandes organismos mundiales. Muchos datos y previsiones, pero lo que hacen los FMI, UE, CE, etc.son cábalas, juegan un tanto a adivinos.

    Tal como ha sido la historia española resulta difícil tener síndrome de Estocolmo. Bueno, los neofranquistas lo deben tener, no hay más que ver cómo hablan y emponzoñan y reabren viejas heridas. Es lo malo de un síndrome como ese u otro cualquiera: que puede generar sangre.

    TOTALMENTE de acuerdo: los desastres del pasado debemos entenderlos, interpretarlos, y en la medida que lo hagamos podremos aportar algo al desconcierto presente. Pero se exige voluntad y otras bases en los agentes políticos y sociales. Pero LA HISTORIA SIRVE PARA ESO, Y NO ES POCO. Reniego de los reduccionistas y catastrofistas. Las cosas fueron como fueron y por una serie de razones. ESO ES LO QUE NOS DEBE AYUDAR A NO CAER EN LOS MISMOS ERRORES. Pero ya sé, me dirás que muchos han dado pasos abundantes para el nuevo desentendimiento, pero hay que contar con ello. Todavía estamos a tiempo de olvidarnos de banderas y banderías.

    Razón Ortega, pero claro él se refiere a ese airear nacionalistón y postromántico que hubo en España desde el XIX hasta hace poco. No solo en interpretación de la Historia, sino en las estatuas que hay por doquier, la pseudoliteratura, la narración anecdótica y exaltadora de la historia en las escuelas, la conversión de una interpretación pseudohistórica en ideología de partidos, etc.

    Estuvo bien el siglo de Oro y la Ilustración española de baja intensidad respecto a otras y diversos intentos, pero ya sabemos que la modernidad en cada tiempo histórico llegó tarde, escasa a este país, y ¿ahora? Ya no me atrevo a calificar nada de nada.

    Disculpa estos comentarios a la carrera y acaso algo simplistas, solo quería señalar direcciones.

    Un abrazo.

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    1. La anécdota es una puerta de entrada. Ahora no me refiero al estudio de la historia sino a aquellas obras literarias que son verdaderos documentos históricos y pienso que una literatura sin anécdotas es algo insustancial, algo alejado de la realidad.
      Creo que ahora la telaraña tiene unas dimensiones casi inconmensurables tanto en el tiempo como en el espacio, es pegajosa y nos atrapa casi sin remisión. En medio de la telaraña está la acción manipuladora del poder.
      Un análisis de la historia sin una reflexión sobre el porvenir es un juego para ociosos. También es ocioso plantear alternativas al pretérito. De qué sirve dar remedios a males pasados. Como dices tú, esto es pura demagogia. Está claro que es más positivo aprender de aquellos males. Reflexionar sobre el porvenir es posible, podemos plantear un conjunto de medidas que puedan protegernos de ciertos peligros, por ejemplo, construir muros de contención de inundaciones, planificar sistemas de riego o canalización de aguas pensando en tiempos de sequía, aplicar el sentido común para evitar a ciertos políticos, aunque esto ya es más difícil pues requiere un sistema educativo excelente aplicado a todos los niveles de enseñanza, etc. Aun así, resulta difícil abarcar una planificación exhaustiva pues las variables del problema son desconocidas.
      Creo que el abordaje de soluciones requiere una discriminación y eliminación de intereses espurios que se esconden en las grandes organizaciones supranacionales, pero a ver quién es el guapo que los detecta. Quién detecta al topo infiltrado, al charlatán expertísimo o quién es capaz de cargarse a toda la caterva de “intelectuales”, brokers, ejecutivos, escuelas de negocios y expertos en ingeniería financiera que se pasan las veinticuatro horas del día pensando de qué manera pueden hacer crecer, aunque solo sea un puntillo, los beneficios de las grandes corporaciones económicas. Ahí está el Club Bildelberg.
      Cuando me refería al síndrome de Estocolmo una extraña asociación me ha hecho pensar en la sangre y el dolor. Este síndrome también es pegajoso como la telaraña.
      Debemos exigir voluntad a los políticos que aprendan de la historia, sí, y que cumplan con su deber y asuman las responsabilidades que les hemos otorgado mediante el voto, pero esto, vista la actual situación política, es impensable. Nos encontramos delante de una clase política inepta e incapaz de entender cualquier enseñanza que les proporciona la historia, dudo, incluso de que hayan leído algún libro de historia y creo que muchos confunden los hechos históricos con historietas de tebeo.
      Los que mandan deben aprender de la historia, reconocer los errores cometidos y no volver a tropezar, pero, amigo mío, el su rencor es atávico y les impide ver con claridad y de ahí, el tropiezo constante.
      Este resentimiento irracional, anula toda reflexión y despierta odios y venganzas y aún hay energúmenos que armados con un martillo salen a la calle dispuestos a derribar lo que se les ponga por delante. Sin ir más lejos, el pasado lunes, unos alborotadores salieron a la calle exigiendo que se derribara el monumento a Colón a quien acusaban de colonialista. ¿Qué cultura es esta?
      En cuanto al siglo de Oro, no quiero decir nada más, la última vez que hablé de ello me llovió un montón de mensajes machacones seguidos de algún insulto.
      Abrazos.

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  5. Normalmente casi todo tiempo pasado ha sido peor, ocurre que tendemos a idealizar y aumentar los actos buenos para anular los malos, es un mecanismo psicológico de autodefensa, creo yo.
    Un saludo.

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    1. Amigo Daniel, cualquier tiempo pasado fue anterior.
      Creo que la idealización es una forma de engañarse y es también una forma de autodefensa, tal como tú dices.
      Saludos

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